WhatsApp introduce cuentas para menores bajo control parental

  • Nuevas cuentas de WhatsApp para menores gestionadas por padres o tutores
  • Acceso limitado a mensajes y llamadas, con ajustes de seguridad estrictos
  • Controles parentales protegidos por PIN y cuentas vinculadas al adulto
  • Medida alineada con el debate europeo sobre redes sociales y menores

Cuentas de WhatsApp para menores con control parental

WhatsApp ha dado un paso más en su estrategia de seguridad infantil con el lanzamiento de nuevas cuentas pensadas para menores y gestionadas directamente por sus padres o tutores. Se trata de un modelo de uso más restringido de la app, diseñado para que los preadolescentes puedan comunicarse, pero dentro de unos márgenes muy claros y supervisados.

Este movimiento llega en un contexto en el que gobiernos europeos, incluido el español, están revisando el acceso de los menores a redes sociales y servicios de mensajería, con la vista puesta en su impacto sobre la salud mental, la privacidad y la exposición a contenidos inadecuados. La propuesta de WhatsApp busca situarse en un punto intermedio: ni prohibición total ni barra libre, sino uso acompañado.

Cómo son las nuevas cuentas de WhatsApp para menores

La plataforma, propiedad de Meta, ha explicado que estas cuentas están orientadas a preadolescentes que todavía no alcanzan la edad para una cuenta estándar en el servicio. En el caso de España, el objetivo principal son los menores de 14 años, mientras que en buena parte de Europa el límite de referencia se sitúa en los 13.

Desde el primer momento, estas cuentas vienen configuradas con ajustes de seguridad más estrictos y un uso limitado a las funciones básicas de mensajería y llamadas. Es decir, el menor no tendrá acceso a determinadas herramientas habituales en la app, con el fin de reducir riesgos y distracciones.

WhatsApp ha subrayado que la idea de este modelo surgió a raíz de peticiones de familias que reclamaban una versión de la mensajería más adecuada para menores. La empresa asegura que el diseño de la función se ha realizado con aportaciones de expertos y organizaciones especializadas en infancia y seguridad digital.

Además, la compañía prevé un despliegue gradual a nivel global durante los próximos meses, durante el cual recopilará comentarios de padres y tutores para ajustar y perfeccionar la experiencia. La intención, señalan, es consolidar una forma de comunicación entre familias que resulte lo más segura y privada posible.

En paralelo, este anuncio se produce en un momento en que otras plataformas de Meta, como Instagram también están introduciendo herramientas de supervisión dirigidas a los progenitores, especialmente en lo que tiene que ver con la búsqueda de términos sensibles como suicidio o autolesión por parte de adolescentes.

Configuración de cuenta de WhatsApp para menores

Qué pueden y qué no pueden hacer los menores en estas cuentas

Las cuentas administradas para menores están diseñadas para ofrecer un entorno mucho más acotado dentro de WhatsApp. En la práctica, el menor puede enviar y recibir mensajes y realizar llamadas, pero se quedan fuera varias de las funciones más avanzadas de la aplicación.

En concreto, WhatsApp ha adelantado que no estarán disponibles funciones como la inteligencia artificial de Meta, los canales o los estados para este tipo de perfiles. Tampoco se podrán usar mensajes que desaparecen en los chats individuales, una herramienta que, en el caso de menores, podría dificultar la supervisión ante posibles situaciones de riesgo.

El objetivo de este recorte de funciones es que las primeras experiencias digitales de los niños y niñas se centren en la comunicación más básica y controlable, dejando fuera características que pueden añadir ruido, exposición a desconocidos o consumo de contenidos difícil de filtrar.

Pese a estas limitaciones, el menor mantiene cierto margen de personalización: podrá elegir su nombre de perfil y una fotografía o imagen identificativa. Eso sí, las decisiones realmente sensibles —como quién puede contactar, qué se muestra de su información personal o qué grupos puede integrar— quedarán en manos del adulto responsable.

Esta propuesta encaja con la creciente preocupación institucional en Europa, donde países como Francia, Reino Unido o España debaten restricciones de acceso a plataformas digitales para menores. En el caso español, el Gobierno ha expresado su intención de elevar las edades mínimas para redes y determinados servicios online, y soluciones como la de WhatsApp pueden verse como una vía intermedia de adaptación.

Un modelo de cuenta vinculada y bajo supervisión adulta

Uno de los pilares de este sistema es que la cuenta del menor no es independiente, sino que está vinculada de forma permanente a la cuenta de WhatsApp del padre, madre o tutor. No basta con que el adulto autorice el uso: debe crearla y gestionarla activamente.

Para poder activar la cuenta, es necesario disponer al mismo tiempo del teléfono del menor y el del adulto. Ambos dispositivos deben estar físicamente juntos, ya que el proceso de alta requiere vincularlos mediante un sistema de verificación que confirma que quien configura el perfil del menor es, efectivamente, un adulto responsable.

WhatsApp detalla que, durante el registro, se pedirá introducir el número de teléfono del menor y su fecha de nacimiento. De esta manera, la plataforma puede identificar que se trata de un usuario por debajo de la edad habitual de acceso y activar automáticamente los controles y restricciones previstos para este tipo de cuentas.

Una vez completado el procedimiento inicial, la cuenta infantil queda asociada a la del tutor en el ecosistema de WhatsApp. A partir de ese momento, cualquier cambio relevante o acción sensible realizada por el menor puede generar notificaciones y opciones de revisión para el adulto, siempre desde su propio dispositivo.

Entre estas posibilidades, se incluye recibir avisos si el preadolescente crea un nuevo grupo, modifica su nombre de perfil o cambia su fotografía. Así, los padres cuentan con más contexto sobre cómo se relacionan sus hijos dentro de la aplicación, sin necesidad de entrar en las conversaciones privadas.

Control parental en cuentas de WhatsApp para menores

Controles parentales, PIN y privacidad de las conversaciones

El control que ejercen los adultos sobre estas cuentas se articula a través de un conjunto de ajustes específicos de seguridad y privacidad. Todos esos parámetros quedan bloqueados mediante un PIN parental que se introduce en el dispositivo del menor, pero que solo conoce el padre, madre o tutor.

Este PIN impide que el menor pueda modificar por su cuenta los límites fijados, como por ejemplo quién puede añadirle a grupos, quién puede ver su foto de perfil o si se permite que personas desconocidas le envíen solicitudes de mensaje. Cualquier cambio en estas áreas requiere la intervención directa del adulto.

Además, la plataforma permite que el tutor revise y gestione las solicitudes de mensajes procedentes de números que no están en la lista de contactos autorizados. De este modo, se reduce el riesgo de que el menor interactúe con desconocidos sin que la familia tenga constancia de ello.

WhatsApp insiste en que, a pesar de esta capa de supervisión, todas las conversaciones personales mantienen el cifrado de extremo a extremo que caracteriza a la aplicación. En términos prácticos, esto significa que ni la propia compañía, ni terceros externos, pueden leer o escuchar los mensajes y llamadas que se intercambian.

El equilibrio que plantea el sistema es que los padres acceden a información de contexto y a controles de configuración, pero no al contenido directo de los chats. Los datos que se ponen a su disposición se centran, sobre todo, en solicitudes de contacto, grupos y ajustes de la cuenta, no en los mensajes específicos que el menor envía o recibe.

Edades, transición a cuenta estándar y contexto regulatorio

Otro elemento relevante es la gestión del momento en que el menor alcanza la edad mínima para tener una cuenta estándar. WhatsApp ha previsto un sistema de avisos mediante el cual tanto el adolescente como sus padres recibirán una notificación informativa cuando se aproxime ese cambio.

En dicha comunicación, la aplicación explicará cuándo puede dejar de estar administrada la cuenta y qué implica pasar a un perfil normal. No obstante, la última palabra la sigue teniendo la familia: los padres podrán retrasar la transición hasta un máximo de doce meses adicionales si consideran que todavía no es el momento adecuado.

En Europa, este enfoque encaja con un debate jurídico y social cada vez más intenso. España ha defendido la necesidad de restringir el acceso de los menores de 16 años a determinadas plataformas digitales, mientras que otros países como Francia o Reino Unido avanzan en proyectos legales similares, con el foco puesto en la protección de la infancia.

En el plano internacional, Australia se ha convertido en referencia al aplicar restricciones muy severas al uso de redes sociales por parte de adolescentes, apoyándose en argumentos de salud mental y prevención de daños psicológicos. Estas decisiones han llevado a que otras jurisdicciones analicen medidas comparables.

Las aplicaciones de mensajería tampoco se libran del escrutinio. Incidentes de fraude, robo de cuentas y engaños para obtener códigos de verificación han puesto de relieve que los menores pueden ser especialmente vulnerables a prácticas maliciosas si no cuentan con un entorno controlado y apoyo adulto en su uso de la tecnología.

En este marco, la propuesta de cuentas administradas que plantea WhatsApp trata de ofrecer una fórmula intermedia entre la prohibición total y el uso sin acompañamiento. La compañía confía en que, con el despliegue progresivo y el retorno de familias y expertos, pueda reforzar esta línea de protección y ajustar la herramienta a las distintas realidades nacionales.

Todo apunta a que el anuncio se convertirá en uno de los movimientos más significativos de la app en el terreno de la seguridad infantil: un modelo en el que los preadolescentes mantienen la posibilidad de comunicarse, pero siempre dentro de un marco estrechamente supervisado, limitado a mensajes y llamadas, y con controles blindados por los progenitores, en línea con las exigencias crecientes de autoridades europeas, educadores y familias.

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