OpenAI ha pasado de la preocupación a la acción. La compañía liderada por Sam Altman ha activado internamente un «código rojo» para volcarse en la mejora de ChatGPT después de que los últimos avances de Google, especialmente con su modelo Gemini 3, hayan reducido de forma notable la ventaja competitiva del popular chatbot.
La decisión llega en un contexto en el que la carrera por el liderazgo en inteligencia artificial se ha vuelto mucho más agresiva, con Google, Anthropic y otras firmas pisándole los talones a OpenAI. En este nuevo escenario, la prioridad absoluta pasa a ser que ChatGPT siga siendo la herramienta de referencia para millones de usuarios en todo el mundo, también en Europa y España, donde su uso se ha disparado en entornos profesionales y educativos.
Qué significa el «código rojo» dentro de OpenAI

El término «código rojo» no es solo una metáfora. En el memorando interno al que han tenido acceso medios como The Wall Street Journal y The Information, Altman define esta etapa como el nivel máximo de urgencia para abordar los problemas estratégicos de la compañía y reorganizar su hoja de ruta. Antes de llegar a este punto, OpenAI ya habría declarado un «código naranja», una fase de alerta previa que ahora se considera superada.
El mensaje a los empleados es claro: ChatGPT se convierte en el centro absoluto de la actividad de OpenAI. El objetivo es afinar la experiencia del usuario en varios frentes: mayor velocidad de respuesta, más fiabilidad, capacidad para contestar a un abanico más amplio de preguntas y funciones de personalización más potentes, de forma que el asistente se adapte mejor al estilo, necesidades y contexto de cada persona.
Según las filtraciones, Altman ha pedido un auténtico «impulso» interno, con reuniones diarias entre los equipos implicados, traslados temporales de personal desde otras divisiones y un seguimiento muy cercano por parte de la dirección. La idea es obtener mejoras visibles en poco tiempo que permitan frenar el avance de la competencia, con especial atención a lo que está haciendo Google.
Altman también habría indicado que quiere reforzar el comportamiento del modelo —es decir, cómo responde el sistema ante consultas complejas o sensibles— y mejorar las capacidades de generación de imágenes, un terreno en el que otras herramientas están experimentando un crecimiento rápido.
La presión de Google Gemini 3 y el cambio de equilibrio en la carrera de la IA
El detonante del «código rojo» está, en buena parte, en Mountain View. Google ha lanzado Gemini 3, un modelo que, según diferentes clasificaciones del sector, supera a GPT-5 y GPT-5.1 en razonamiento avanzado, tareas académicas, programación y pruebas especializadas donde los chatbots de IA suelen tener más dificultades.
Además, la compañía ha reforzado su oferta con herramientas como su modelo de generación de imágenes Nano Banana, que se ha popularizado rápidamente y se ha vuelto viral en redes sociales durante los últimos meses. Todo ello ha alimentado un aumento significativo de usuarios en el ecosistema Gemini.
De acuerdo con los datos que maneja la propia Google, la aplicación de su asistente ha pasado de 450 millones de usuarios activos mensuales en julio a 650 millones en octubre. En paralelo, informes de tráfico como los de Similarweb apuntan a que, en un año, la cuota de ChatGPT dentro de la IA generativa habría pasado de rondar el 87% a situarse en torno al 74%, mientras que Gemini habría escalado del 6% al 13% del tráfico del segmento.
ChatGPT mantiene cifras muy altas: OpenAI habla de 800 millones de usuarios que utilizan el servicio semanalmente y otros análisis sitúan sus usuarios totales en torno a los 850 millones. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de Google ha encendido las alarmas en la empresa de Altman, que ve cómo la distancia se reduce y cómo el buscador aprovecha su enorme base de usuarios y su integración en productos clave como Gmail, Docs, YouTube o Android.
Analistas del sector apuntan que, mientras OpenAI optó por lanzar productos con rapidez desde 2022, Google decidió ir «más lento pero más seguro», activando su propio «botón rojo» cuando apareció ChatGPT y preparando con calma el desembarco de sus modelos Gemini, ahora mucho más maduros. Esa estrategia comienza a dar frutos y obliga a OpenAI a reaccionar.
Reorganización interna: proyectos en pausa para volcarse en ChatGPT
La respuesta de OpenAI pasa por una reorientación profunda de sus recursos. El memorando de Altman indica que diversos proyectos pasarán a un segundo plano para liberar equipos técnicos y humanos que se enfocarán, casi en exclusiva, en la evolución de ChatGPT.
Entre las iniciativas que se verán aplazadas destacan los agentes de IA para tareas especializadas, como la automatización de compras en línea, servicios vinculados a la salud o asistentes personales más avanzados. También se ralentizarán los trabajos relacionados con el asistente personalizado ChatGPT Pulse, concebido para ofrecer actualizaciones diarias adaptadas a los intereses de cada usuario.
Otra de las áreas afectadas es la introducción de publicidad dentro de ChatGPT. En las últimas semanas se habían detectado indicios de que OpenAI se preparaba para desplegar anuncios en el chatbot, una vía de monetización que generaba expectación pero también dudas en cuanto a experiencia de usuario y privacidad. Con el «código rojo» en marcha, estos planes se posponen temporalmente para priorizar la calidad del producto principal.
Incluso algunos desarrollos de mayor alcance, como los agentes autónomos que podrían ejecutar tareas complejas de manera casi independiente o los proyectos de dispositivos físicos basados en IA, quedan en segundo plano según las filtraciones. La consigna es clara: concentrar todo el músculo disponible en reforzar aquello que hoy sostiene la imagen pública de la compañía.
En paralelo, se ha hecho referencia a un modelo interno con nombre en clave «Garlic», que estaría obteniendo buenos resultados en tareas de codificación y razonamiento. Aunque los detalles son escasos, encajaría en la estrategia de acelerar la próxima generación de modelos capaz de plantarle cara a Gemini 3 y a las últimas versiones de Claude, el sistema de Anthropic.
Finanzas, modelo de negocio y la urgencia por monetizar la IA
El giro estratégico no solo responde a una cuestión de prestigio tecnológico. OpenAI se mueve en un marco financiero especialmente exigente, con costes enormes en centros de datos, consumo eléctrico y potencia computacional para entrenar y desplegar sus modelos de gran tamaño.
Diversos informes, incluyendo datos adelantados por The Wall Street Journal, señalan que la compañía lleva camino de acumular pérdidas multimillonarias en los próximos años. Proyecciones internas hablan incluso de decenas de miles de millones de dólares de números rojos hasta cerca de 2028, con la rentabilidad esperada más bien a largo plazo, siempre que el plan de negocio funcione según lo previsto.
En contraste, Google y su matriz Alphabet atraviesan uno de sus mejores momentos en términos de beneficios. Con ingresos trimestrales por encima de los 100.000 millones de dólares y un beneficio neto que crece a doble dígito interanual, la compañía dispone de un margen de inversión en IA muy superior. Se han anunciado incrementos sustanciales en el gasto de capital, que podrían alcanzar hasta los 93.000 millones de dólares en un solo año, una cifra que subraya la ventaja de recursos con la que cuenta el gigante tecnológico.
OpenAI, respaldada por Microsoft y otros grandes inversores, sigue dependiendo de nuevas rondas de financiación y de acuerdos comerciales para sostener su expansión. Aunque ChatGPT ha logrado una implantación masiva, solo una fracción relativamente pequeña de usuarios paga una suscripción, lo que obliga a la empresa a explorar nuevas vías de ingresos.
Entre esas opciones se encuentran la publicidad, la creación de servicios de pago más avanzados para empresas y desarrolladores, o fórmulas más controvertidas, como permitir determinados tipos de contenido que, si bien pueden atraer a ciertos usuarios, generan debate sobre el rumbo del producto. La tensión entre mantener una experiencia de calidad y encontrar un modelo de negocio sostenible es uno de los grandes desafíos que están detrás del «código rojo».
Rivales en ascenso: Google, Anthropic y la batalla por las empresas
Aunque el foco principal esté puesto en Google, OpenAI también ve cómo otros actores ganan terreno. Anthropic, fundada por antiguos miembros de la propia OpenAI, ha lanzado recientemente versiones avanzadas de su modelo Claude, con especial énfasis en mejorar las tareas de codificación y ofimática, dos áreas clave para captar clientes corporativos.
El modelo Claude Opus 4.5 se sitúa ya por delante de GPT-5 y GPT-5.1 en varias pruebas técnicas, según los benchmarks citados en la prensa especializada. Además, la compañía asegura contar con más de 300.000 clientes empresariales, lo que demuestra que está posicionándose con fuerza en el segmento profesional, muy relevante para Europa y España, donde las empresas buscan soluciones de IA que se integren fácilmente en sus flujos de trabajo.
Anthropic estudia asimismo su salida a Bolsa, que podría alcanzar valoraciones históricas y proporcionar un importante colchón financiero para seguir invirtiendo en infraestructura y desarrollo. De materializarse en los términos que se barajan, la operación la situaría como una de las grandes protagonistas del mercado tecnológico global en los próximos años.
En este contexto, el movimiento de OpenAI para proteger su posición con ChatGPT tiene también una lectura empresarial: se trata de evitar que las compañías que hoy apuestan por su tecnología migren hacia alternativas con mejor rendimiento o condiciones más ventajosas. La competencia se libra, por tanto, tanto en el ámbito del usuario final como en el de los clientes corporativos.
Mientras tanto, otras firmas como xAI o Meta también continúan afinando sus modelos, aunque su impacto directo sobre ChatGPT y Gemini sea, de momento, menor que el de Google y Anthropic. El resultado es un ecosistema mucho más plural en el que mantener el liderazgo requiere innovar a un ritmo cada vez más acelerado.
ChatGPT como herramienta del día a día y el papel de Europa
A pesar de las dificultades, ChatGPT sigue siendo, hoy por hoy, el asistente conversacional más utilizado a escala global. Usuarios en España y en el resto de Europa lo emplean no solo como una especie de «buscador avanzado», sino también como compañero de trabajo, asistente para estudiar, apoyo en tareas creativas o incluso como una herramienta de ayuda personal en el día a día.
Esta presencia tan extendida hace que cualquier cambio importante en su funcionamiento —para bien o para mal— tenga un impacto directo en millones de personas y en multitud de empresas que han incorporado el chatbot a sus procesos. De ahí que el mensaje de Altman insista en reforzar la velocidad, la fiabilidad y la capacidad de ChatGPT para gestionar preguntas complejas que van más allá de simples consultas informativas.
La mejora de las funciones de personalización es otro de los puntos clave, especialmente relevante en el mercado europeo, donde los usuarios son cada vez más sensibles a la forma en que la tecnología se adapta a sus preferencias sin invadir su privacidad. Ajustar las respuestas al contexto, aprender de las interacciones previas y ofrecer una experiencia más cercana y útil son elementos que pueden marcar diferencias respecto a la competencia.
OpenAI es consciente de que si quiere mantener el liderazgo deberá equilibrar innovación y confianza, en un entorno donde, además, la regulación europea en materia de inteligencia artificial y protección de datos va a exigir más transparencia y control sobre el uso de estos sistemas. La presión no solo viene de otras empresas, sino también de los reguladores y de una opinión pública cada vez más informada.
El hecho de que Altman haya ordenado reuniones diarias con los equipos clave y haya alentado traslados temporales internos indica que la empresa busca resultados tangibles a corto plazo, pero también sentar las bases de una evolución más sólida de su principal producto, con la vista puesta tanto en el mercado global como en regiones especialmente sensibles a estos cambios, como es el caso de la Unión Europea.
El movimiento de OpenAI al activar el «código rojo» refleja hasta qué punto la carrera por la inteligencia artificial generativa se ha convertido en una batalla de fondo, en la que la ventaja de ayer puede desvanecerse en cuestión de meses. Con Google recortando distancias gracias a Gemini 3, Anthropic ganando terreno en el entorno empresarial y unos costes de infraestructura cada vez más elevados, la compañía de Sam Altman busca blindar el papel de ChatGPT reforzando su calidad, velocidad y personalización, mientras aparca temporalmente otros proyectos para concentrar esfuerzos en el asistente que la colocó en el centro del mapa tecnológico.