La justicia estadounidense ha dado un golpe sobre la mesa. Un tribunal del distrito de Santa Fe, en Nuevo MĆ©xico, ha condenado a Meta, la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, a desembolsar 567 millones de dólares (unos 492 millones de euros) para financiar un fondo destinado a reparar los daƱos que sus plataformas han causado en la salud mental de los menores. La resolución, firmada por el juez Bryan Biedscheid, considera que la compaƱĆa ha creado una Ā«molestia pĆŗblicaĀ» al diseƱar sus productos para maximizar la interacción de los usuarios, incluso cuando eso perjudica el bienestar de los adolescentes.
No es una cifra simbólica. La sentencia llega despuĆ©s de un largo proceso iniciado en 2023 por el fiscal general de Nuevo MĆ©xico, RaĆŗl Torrez, que acusó a la tecnológica de no proteger a los jóvenes frente a los depredadores sexuales y de ocultar información interna sobre los riesgos de sus aplicaciones. El fallo se suma a una condena previa de 375 millones de dólares que un jurado impuso en marzo por engaƱar a los consumidores sobre la seguridad de Facebook e Instagram para los niƱos. Ahora, el juez ha elevado la cuantĆa total y ha aƱadido una serie de obligaciones que cambiarĆ”n el funcionamiento de las redes sociales para los menores en ese estado.
Una sanción millonaria con destino claro
De los 567 millones, aproximadamente 420 millones se destinarĆ”n a servicios de atención y tratamiento para jóvenes afectados, mientras que el resto se repartirĆ” entre campaƱas de concienciación, programas de prevención, cribado y evaluación, asĆ como la coordinación asistencial y la auditorĆa externa. El pago se realizarĆ” en un plazo de cinco aƱos, y la compaƱĆa deberĆ” presentar informes semestrales de cumplimiento ante el tribunal. Esta distribución no es casual: responde a la necesidad de que el dinero llegue directamente a quienes han sufrido las consecuencias de un uso excesivo y adictivo de las plataformas.
El juez Biedscheid ha sido contundente en su escrito: Ā«Las plataformas de Meta constituyen una molestia pĆŗblica porque su propósito y su efecto son maximizar la interacción de los usuarios, incluso de forma que resultan perjudiciales para la salud y la seguridad de los adolescentesĀ». Esta declaración, recogida en varios medios, deja claro que el diseƱo de los algoritmos estĆ” en el punto de mira. Durante el juicio, la fiscalĆa demostró que los sistemas de recomendación dirigĆan a adultos hacia contenidos publicados por menores, y que la cĆŗpula directiva conocĆa estos riesgos pero no los abordó de forma efectiva.
Medidas obligatorias para proteger a los adolescentes

La condena no se limita al aspecto económico. El tribunal ha ordenado a Meta implementar una baterĆa de cambios que estarĆ”n vigentes durante cinco aƱos. La mĆ”s llamativa es el lĆmite de 90 horas mensuales de uso acumulado de Facebook e Instagram para los menores de 18 aƱos que residan en Nuevo MĆ©xico. AdemĆ”s, la empresa deberĆ” restringir el envĆo de notificaciones, establecer controles mĆ”s estrictos sobre el contacto entre adultos y menores, y aƱadir salvaguardias especĆficas para los chatbots de inteligencia artificial. TambiĆ©n tendrĆ” que mejorar el sistema de verificación de denuncias relacionadas con abuso sexual infantil y crear un portal para que el personal escolar pueda seƱalar a usuarios que sean menores de 13 aƱos.
Otra de las exigencias tiene que ver con la verificación de edad. Aunque las leyes federales de privacidad impiden que Meta solicite datos personales a niƱos menores de 13 aƱos, el juez le ha pedido que desarrolle un modelo de predicción para identificar a esos usuarios en un plazo de dos aƱos, utilizando seƱales como el tipo de contenido que publican o sus amistades. Si la compaƱĆa detecta que un usuario podrĆa ser menor de 13 aƱos, deberĆ” tratarlo como tal hasta que verifique su edad. Estas medidas, segĆŗn el fallo, buscan que las plataformas dejen de ser un terreno abonado para la explotación y la adicción.
Reacciones y precedentes para Europa y EspaƱa
La decisión ha provocado reacciones encontradas. Mientras el fiscal RaĆŗl Torrez celebraba la sentencia como Ā«una victoria para todos los padres que se han preocupado por lo que las redes sociales les estĆ”n haciendo a sus hijosĀ», Meta ha anunciado que recurrirĆ”. En un comunicado, la compaƱĆa aseguró que Ā«trabajamos arduamente para mantener a las personas seguras en nuestras plataformasĀ» y que Ā«seguimos confiando en nuestro historial de protección de los adolescentes en lĆneaĀ». Sin embargo, el fallo se produce en un contexto de creciente litigiosidad contra las grandes tecnológicas, con mĆ”s de 30 estados y mĆ”s de 1.300 distritos escolares en Estados Unidos presentando demandas similares.
Para Europa y EspaƱa, esta sentencia tiene un valor simbólico importante. Aunque la decisión se limita a Nuevo MĆ©xico, abre una puerta a que otros gobiernos y entidades locales exijan responsabilidades a las plataformas. En la Unión Europea, el Reglamento de Servicios Digitales (DSA) ya obliga a las grandes plataformas a evaluar y mitigar los riesgos sistĆ©micos para la infancia, con sanciones que pueden alcanzar el 6% de la facturación global anual. En EspaƱa, la Agencia EspaƱola de Protección de Datos y el Ministerio de Juventud e Infancia podrĆan apoyarse en este tipo de resoluciones para impulsar investigaciones propias o reforzar el cerco legal a las redes sociales para proteger a los menores.
El caso neomexicano demuestra que las autoridades locales pueden lograr condenas millonarias si acreditan que la compaƱĆa ocultó información y engañó sobre la seguridad de sus productos. La combinación de una multa económica con medidas correctivas estructurales es un modelo que podrĆa replicarse en otros territorios. Mientras tanto, Meta ya ha confirmado que apelarĆ”, pero la sentencia deja una huella imborrable en la industria: la salud mental de los menores ya no es un asunto secundario, sino una cuestión que puede costar cientos de millones de dólares y obligar a cambiar la forma en que funcionan las redes sociales.
En definitiva, la condena a Meta por 567 millones de dólares no solo supone un castigo económico, sino tambiĆ©n un cambio de paradigma. La empresa tendrĆ” que adaptar sus plataformas para proteger a los adolescentes, limitar su tiempo de uso y ser mĆ”s transparente sobre los riesgos. Y lo mĆ”s importante: sienta un precedente que podrĆa extenderse a Europa y EspaƱa, donde la presión regulatoria y social sobre las tecnológicas no deja de crecer. La pelota estĆ” ahora en el tejado de Meta, que deberĆ” decidir si recurre o si, por fin, toma medidas reales para que los menores naveguen en un entorno mĆ”s seguro.

