El consejero de Digitalización de la Comunidad de Madrid, Miguel López-Valverde, ha salido al paso de las críticas que asocian el auge de los centros de datos con una posible falta de agua en la región. Desde el entorno de la presa de El Atazar, uno de los puntos clave para el abastecimiento, ha defendido que las infraestructuras digitales modernas no van a comprometer los recursos hídricos. Según sus palabras, la última generación de estas instalaciones ha conseguido reducir el consumo de agua hasta en un 90% gracias a nuevos métodos de refrigeración.
El responsable autonómico tacha las advertencias que hablan de un “Madrid seco” como una lectura poco rigurosa desde el punto de vista técnico. La apuesta del Ejecutivo madrileño es que la tecnología actual, con sistemas de circuito cerrado y alternativas que permiten no depender del agua, cambia por completo el balance. Todo esto, añade, sin renunciar al crecimiento de un sector que considera vital para la economía y la innovación.
La eficiencia, el motor de la nueva generación
Las infraestructuras de hace dos décadas funcionaban con torres de refrigeración por evaporación, que despilfarraban una gran cantidad de agua. Los nuevos desarrollos, en cambio, reutilizan el agua en circuitos cerrados o recurren a otros líquidos y gases para enfriar los servidores. La tecnología ha permitido dar un salto enorme en la reducción de consumo, lo que, a juicio de las autoridades, hace inviable comparar un centro actual con uno antiguo.
Pero la mejora no se queda solo en el agua. La eficiencia energética también ha mejorado: los nuevos centros necesitan menos electricidad para mantener sus equipos a temperatura adecuada. Ese descenso en la demanda de energía reduce, a su vez, el impacto ambiental de las instalaciones. Para López-Valverde, no es serio evaluar proyectos de hoy con los parámetros del pasado. La innovación ha transformado por completo las reglas de juego en este sector.
Madrid, el gran polo de datos de Europa
La Comunidad ya acumula cifras más que notables: 40 centros de datos en activo y 15 que están levantándose. Este nivel la coloca como líder nacional y su crecimiento es más rápido que en lugares como Frankfurt, Londres, Ámsterdam o París. La aceleración digital de Madrid no tiene comparación en el resto del continente y el consejero lo ha expuesto como un logro de la gestión autonómica.
¿Qué está detrás de ese tirón? En gran parte, el empuje de la inteligencia artificial. La IA exige cada vez más potencia de cálculo y almacenamiento de datos, y los centros de datos de IA se han convertido en un pilar esencial. El propio consejero los define como “la base para generar nuevas oportunidades de empleo, crecimiento e innovación”. La IA dispara la necesidad de estas infraestructuras y la Comunidad no quiere perderse ese tren.
El reto de la regulación europea y la conservación
Mientras el sector no deja de crecer, Bruselas aprieta las tuercas para que los centros de datos sean más transparentes con su huella de recursos. La normativa europea pide cada vez más que cada empresa detalle cuánta agua y cuánta electricidad consume. La comunidad asegura que ya está en esa línea, con proyectos que asumen el cuidado del entorno como un requisito indispensable.
El hecho de que el consejero haya hecho estas declaraciones en El Atazar no es casualidad. Ese embalse es una reserva estratégica para el suministro de la capital y el Gobierno autonómico quiere demostrar que no está en peligro. “El agua hay que protegerla y es un compromiso”, ha recalcado. Así que para el Ejecutivo, la protección del patrimonio natural es una obligación prioritaria mientras se promueve la industria digital.
El panorama que deja esta defensa es la convicción de que la digitalización no se tiene por qué pagar un precio al agua. Las empresas que quieran instalarse en Madrid deberán aplicar las últimas soluciones de eficiencia, y la región está dispuesta a ser ejemplo de que la tecnología puede ir de la mano del respeto al entorno. El resultado es un sector que aún tiene mucho recorrido y que, al menos sobre el papel, busca una mayor armonía con su entorno.

