Latinoamérica acelera en fintech: inclusión, pagos y regulación en el centro del debate

  • Solo el 35,6% de los adultos colombianos accede a crédito formal, mientras el 'gota a gota' cobra tasas desorbitadas.
  • Bre-B acumula más de 1.200 millones de transacciones y se postula como el eje de la modernización de pagos.
  • La industria fintech reclama cambios regulatorios para levantar límites de Bre-B, eliminar el 4×1000 y regular los criptoactivos.
  • Guatemala emerge como mercado fintech prometedor con la inteligencia artificial como palanca de crecimiento.

Fintech

El sector fintech en América Latina vive un momento dulce. La llegada de inversión, la digitalización de los hábitos de consumo y la aparición de nuevos actores están transformando un panorama que aún arrastra enormes desequilibrios. Mientras las infraestructuras de pago avanzan a buen ritmo, el acceso al crédito sigue siendo la gran asignatura pendiente, y ahí es donde las empresas de tecnología financiera tienen mucho que decir.

Prueba de ello es la octava edición del Latam Fintech Market, celebrada en Barranquilla, que ha reunido a los principales actores del ecosistema para debatir sobre los retos y oportunidades de una industria que crece a un ritmo imparable. Entre los temas más candentes: la interoperabilidad de los sistemas de pago, el auge de la inteligencia artificial y la necesidad de ajustar el marco normativo a una realidad que se mueve más rápido que las leyes.

El acceso al crédito, la asignatura pendiente

El dato es contundente: más del 96% de los adultos colombianos tiene una cuenta de depósito, pero solo un 35,6% logra acceder a un préstamo formal. Esta brecha es el caldo de cultivo perfecto para que el famoso ‘gota a gota’ se convierta en el competidor número uno de la banca tradicional. Según las cifras presentadas durante el evento, este sistema de préstamo informal llega a cobrar tasas cercanas al 382% para personas y hasta 666% para empresas, lo que se traduce en que quien recurre a él puede acabar pagando nueve veces el importe original en apenas dos meses.

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No es un problema menor. En 2025, 480.000 personas fueron expulsadas del sistema crediticio formal, y en los últimos tres años la cifra asciende a tres millones. Detrás de esta situación hay decisiones políticas, pero también un modelo que no ha sabido adaptarse a los perfiles de riesgo. El presidente ejecutivo de Colombia Fintech, Gabriel Santos, lo resumía con claridad: la gente no sale del sistema porque sus hábitos cambien, sino porque una decisión política le cerró la puerta al crédito. En las zonas rurales, la penetración cae hasta el 12%, lo que deja a millones de ciudadanos sin opciones viables más allá de la usura.

Frente a este escenario, las fintech aparecen como una alternativa real. Los ingresos globales del sector rondan los 504.000 millones de dólares y crecen a un ritmo cuatro veces superior al de la banca tradicional. En Colombia, seis de cada diez dólares de inversión en startups van a parar a proyectos fintech, y en toda la región hay más de 470 millones de personas en situación de subbancarización esperando soluciones. El mercado está servido: solo falta que el marco normativo acompañe para que el crédito alternativo, el factoring y los préstamos basados en flujos de ingresos lleguen a quien los necesita.

Bre-B y la modernización de los pagos

La otra gran historia es la de Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, que acumula más de 1.200 millones de transacciones y ha movilizado cerca de 184 billones de pesos desde su lanzamiento. Con 113 millones de llaves registradas, 35 millones de usuarios y 3,7 millones de comercios conectados, se ha convertido en un componente esencial de la infraestructura financiera del país. Aun así, todavía tiene un margen enorme para crecer: el 80% de las transacciones diarias se produce entre personas naturales, y solo el 4,9% de las llaves corresponden a personas jurídicas.

La industria lo tiene claro: para que Bre-B se convierta en un verdadero motor de la economía, es necesario levantar los topes de operación y permitir su uso como canal de recaudo estatal. Colombia Fintech ha solicitado formalmente que los pagos del Gobierno, como subsidios y nóminas, se canalicen a través de este sistema, lo que podría mover cerca de 8 billones de pesos al año. Además, la llegada de los débitos automáticos recurrentes, de la mano de fintech como DRUO, está allanando el camino para que colegios, aseguradoras y plataformas de suscripción migren desde las tarjetas hacia esta infraestructura, un paso que ya se dio con éxito en Brasil a través de Pix.

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El crecimiento de los pagos digitales es imparable. En julio, el botón PSE batió su récord histórico con más de 90 millones de transacciones en un solo mes. Hoy, el 75% de las operaciones que se realizan en Colombia pasan por una billetera digital, y siete de cada diez son no presenciales. El efectivo, sin embargo, sigue siendo el rey: el 79% de los colombianos lo utiliza a diario, y entre las pequeñas empresas la cifra asciende al 82%. Ahí está el verdadero reto: convertir esa informalidad en oportunidades de inclusión financiera.

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Inteligencia artificial y nuevos mercados

La inteligencia artificial es, sin duda, el gran catalizador del cambio. En Guatemala, por ejemplo, el sector fintech se ha desarrollado de forma multiplicadora gracias a un mercado joven y ávido de tecnología. Michel Caputi, gerente de Alianzas Estratégicas de BI, asegura que el país centroamericano reúne las condiciones perfectas: un PIB regional dominante, una baja penetración del crédito y una adopción tecnológica acelerada. La IA está permitiendo que las fintech ofrezcan productos personalizados, desde microinversiones hasta pagos transfronterizos, y que las grandes corporaciones también se suban al carro.

Ya se están viendo usos reales: agentes autónomos capaces de negociar divisas o ejecutar transacciones sin intervención humana, y algoritmos que evalúan el riesgo crediticio a partir de señales digitales. La IA también está democratizando el acceso a los mercados desarrollados, que hasta hace poco estaba reservado a las grandes fortunas. En Guatemala, el interés por los activos digitales, como las stablecoins, está creciendo con fuerza, y se espera que en los próximos años se consolide un ecosistema regulatorio que dé seguridad a los inversores.

El desarrollo no se queda en el plano teórico. La aplicación de la IA en la gestión patrimonial está revolucionando la forma en la que los usuarios interactúan con su dinero. Plataformas que analizan en tiempo real los mercados, responden preguntas contextualizadas y recomiendan inversiones a medida de cada perfil son ya una realidad en el mercado europeo, y la región latinoamericana no quiere quedarse atrás. La clave está en que la tecnología permita superar la brecha histórica entre el asesoramiento personalizado, reservado a los patrimonios elevados, y los productos estandarizados con poco acompañamiento.

Regulación y tributación, en el punto de mira

Sin un marco regulatorio claro, el sector no podrá desplegar todo su potencial. Por eso, Colombia Fintech ha puesto sobre la mesa una batería de propuestas que van desde la revisión del open finance hasta la modificación del método para calcular la tasa de interés bancario corriente. El gremio defiende que la metodología actual, basada en un promedio único, no refleja las diferencias entre productos y perfiles de riesgo, lo que perjudica especialmente a los consumidores con mayor riesgo.

La regulación de los criptoactivos es otro de los frentes abiertos. Según los datos del gremio, seis millones de colombianos ya operan con criptomonedas, y más de la mitad de los fondos se destinan a stablecoins. A pesar de esta adopción masiva, la ausencia de reglas específicas genera incertidumbre para empresas e inversores. La petición es clara: reconocer la magnitud de este mercado y establecer un marco que aporte seguridad jurídica sin frenar la innovación.

El capítulo tributario también genera fricción. La propuesta de la Alcaldía de Bogotá de modificar el impuesto de Industria y Comercio (ICA) para las actividades financieras, calculándolo sobre los ingresos en lugar de sobre las ganancias, ha encendido las alarmas. Para las fintech que están en fase de crecimiento, un impuesto de este tipo podría suponer un lastre insoportable. La industria pide reglas previsibles que no ahoguen a las empresas que todavía están ganando cuota de mercado y construyendo sus modelos de negocio.

En definitiva, lo que se juega en los próximos meses es si las autoridades van a escuchar las demandas de un sector que ya es demasiado grande como para ignorarlo. El fintech latinoamericano tiene los mimbres para liderar la inclusión financiera de la región, pero necesita que la política se ponga al día. La infraestructura de pagos ya está, la tecnología ya está, y el talento también. Solo falta un entorno que favorezca la competencia y la innovación, y que proteja a los ciudadanos sin atarles de pies y manos.


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