La Comisión Europea ha dado un paso firme en la protección de la infancia digital. Durante su discurso sobre el Estado de la Unión, la presidenta Ursula von der Leyen anunció una propuesta legislativa que busca establecer una edad mĆnima comĆŗn para acceder a las redes sociales en todos los paĆses de la UE. La iniciativa, conocida como āEU Kids Actā, plantea un veto total para los menores de 13 aƱos y un acceso supervisado hasta los 15, con el objetivo de frenar el impacto negativo de estas plataformas en la salud mental de los jóvenes.
La medida no llega sola. Se enmarca en una creciente presión social y polĆtica, despuĆ©s de que paĆses como Francia, EspaƱa, Grecia o Dinamarca hayan impulsado sus propias restricciones en redes sociales para menores. AdemĆ”s, Australia ya se convirtió en diciembre de 2025 en el primer paĆs del mundo en prohibir las redes sociales para menores de 16 aƱos. Ahora Bruselas quiere armonizar las normas a nivel europeo, siguiendo un enfoque mĆ”s gradual que el adoptado en el paĆs oceĆ”nico.
Una prohibición escalonada por edades
La propuesta de la Comisión establece tres tramos de edad con distintos niveles de protección. Para los menores de 13 aƱos, el acceso a las redes sociales quedarĆ” totalmente prohibido, sin excepciones. Entre los 13 y los 15 aƱos, los adolescentes solo podrĆ”n utilizar Ā«minicuentasĀ» creadas y supervisadas por sus padres, con funciones limitadas y un tiempo mĆ”ximo de uso de una hora diaria. A partir de los 15, podrĆ”n tener su propia cuenta personal, pero hasta la mayorĆa de edad las plataformas deberĆ”n aplicar un Ā«diseƱo seguroĀ» que evite el contenido adictivo y el contacto con desconocidos.
Este sistema escalonado busca adaptarse a las Ā«sensibilidadesĀ» de cada edad, tal y como explicó von der Leyen en su intervención. La presidenta alemana insistió en que Ā«cada edad tiene sus propias sensibilidadesĀ» y que el objetivo es garantizar un nivel de protección adaptado. AdemĆ”s, la propuesta no solo afecta a las redes sociales tradicionales como Instagram, TikTok o YouTube, sino tambiĆ©n a los videojuegos en lĆnea y a los chatbots basados en inteligencia artificial, que deberĆ”n cumplir con las mismas restricciones.
La presión de los estados miembros y el caso australiano

La decisión de Bruselas no es un hecho aislado. Varios paĆses de la UE ya habĆan avanzado por su cuenta. Francia llegó a aprobar una ley que prohibĆa las redes a menores de 15 aƱos, aunque el Tribunal Constitucional la anuló en agosto por considerar que vulneraba la libertad de expresión. EspaƱa, por su parte, habĆa planteado elevar la edad mĆnima a los 16 aƱos e incluso incluir responsabilidad penal para los directivos de las plataformas. El ministro de Transformación Digital, Ćscar López, ha valorado positivamente el anuncio europeo, asegurando que Ā«el Congreso de los Diputados tiene una ley encima de la mesa con la mayorĆa de edad para proteger a nuestros niƱosĀ».
Australia, pionera en este Ômbito, prohibió el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años en diciembre de 2025. Sin embargo, un estudio publicado en julio reveló que las plataformas no estÔn identificando adecuadamente a los usuarios menores de edad, lo que pone en duda la efectividad de la medida. Este precedente ha llevado a la UE a apostar por un enfoque mÔs gradual y a exigir a las empresas que demuestren que sus servicios son seguros.

La inversión de la carga de la prueba y la Ley de Equidad Digital

Otro de los ejes centrales de la propuesta es la llamada «inversión de la carga de la prueba». Las plataformas de redes sociales tendrÔn que demostrar que sus servicios son seguros para los menores, en lugar de que sean los padres o los reguladores quienes tengan que probar lo contrario. Esto supone un cambio radical en la forma de entender la responsabilidad de las grandes tecnológicas, que ahora tendrÔn que justificar cada una de sus funcionalidades.
AdemÔs, la Comisión Europea anunció que en otoño presentarÔ una nueva Ley de Equidad Digital (Digital Fairness Act) para combatir los diseños adictivos en redes sociales para menores en general. Esta normativa prohibirÔ o limitarÔ el uso de patrones oscuros que manipulan el comportamiento de los usuarios y las personalizaciones publicitarias que exploten sus vulnerabilidades. Von der Leyen fue tajante: «Somos nosotros quienes decidimos las normas, no las grandes tecnológicas».
Reacciones en EspaƱa y crĆticas al veto

En EspaƱa, la propuesta ha sido recibida con satisfacción. El ministro Ćscar López ha subrayado que es Ā«una victoria muy importante para muchas familiasĀ» y ha recordado que el Ejecutivo ya habĆa anunciado en febrero la intención de fijar en 16 aƱos la edad mĆnima para tener redes sociales. Sin embargo, tambiĆ©n hay voces crĆticas. Organizaciones como la Electronic Frontier Foundation han advertido de que la verificación de edad obligatoria podrĆa derivar en un sistema de vigilancia masiva, ya que las plataformas tendrĆan que recopilar datos personales como el DNI o estimaciones basadas en IA para comprobar la edad de los usuarios.
A estas crĆticas se suma la incertidumbre sobre los plazos. La propuesta de la Comisión no es definitiva y deberĆ” ser negociada y aprobada por el Parlamento Europeo y el Consejo, antes de convertirse en ley. Esto significa que podrĆan pasar aƱos hasta que entre en vigor, a pesar de la urgencia manifestada por muchas familias. Mientras tanto, el caso de Olea, una niƱa belga de 14 aƱos que se suicidó tras sufrir acoso en lĆnea, sigue siendo un recordatorio de lo que estĆ” en juego.
La iniciativa de la Unión Europea para regular el acceso de los menores a las redes sociales supone un cambio de paradigma en la protección digital de la infancia. Con una prohibición total para los menores de 13 aƱos y un sistema de cuentas supervisadas hasta los 15, Bruselas busca dar respuesta a una preocupación social creciente, respaldada por gobiernos y expertos en salud mental. Aunque el camino legislativo aĆŗn es largo y no faltan crĆticas, la propuesta ya ha generado un amplio consenso entre los paĆses miembros y coloca a la UE a la vanguardadura en la regulación de las grandes tecnológicas. Lo que estĆ” claro es que la discusión sobre cómo proteger a los niƱos en el entorno digital no ha hecho mĆ”s que empezar.
