La carrera de los centros de datos de IA: energĂ­a, agua y la batalla por el territorio

  • El consumo elĂ©ctrico de los centros de datos podrĂ­a alcanzar los 945 teravatios hora en 2030, impulsado por la IA.
  • España planea invertir 66.900 millones de euros en estos complejos hasta el final de la dĂ©cada, con 2.537 megavatios previstos para 2030.
  • Las protestas vecinales han bloqueado o retrasado proyectos valorados en más de 130.000 millones de dĂłlares en Estados Unidos durante el primer trimestre de 2026.
  • La oposiciĂłn social y la escasez de recursos marcan el futuro del sector, que busca soluciones como el almacenamiento energĂ©tico y la reutilizaciĂłn de agua.

Centros de datos de IA

La inteligencia artificial vive en la nube, pero se sostiene sobre infraestructuras firmemente ancladas al territorio. Detrás de cada consulta a un asistente digital, cada modelo entrenado y cada servicio alojado en remoto se extienden salas repletas de servidores que consumen electricidad sin descanso, desprenden grandes cantidades de calor y necesitan complejos sistemas de refrigeración. Esa dimensión física comienza a perfilarse como uno de los principales desafíos económicos y ambientales del auge de los centros de datos de IA.

Los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios hora de electricidad en 2024, el equivalente al 1,5% de la demanda mundial. La Agencia Internacional de la Energía calcula que esa cifra alcanzará los 945 teravatios hora en 2030, una cantidad ligeramente superior a todo el consumo eléctrico actual de Japón. La inteligencia artificial será el principal motor del incremento y la demanda de los centros optimizados para esta tecnología podría más que cuadruplicarse durante la segunda mitad de la década.

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La presión sobre los recursos hídricos y energéticos

A la presión sobre el sistema eléctrico se suma el agua necesaria para evitar que los equipos se sobrecalienten. La refrigeración puede suponer alrededor del 7% del consumo energético de los grandes centros hiperescalables más eficientes, pero elevarse por encima del 30% en instalaciones empresariales con tecnologías menos avanzadas. El porcentaje depende de la ubicación, el diseño y el sistema utilizado, aunque la relación de fondo resulta inequívoca: cuanto mayor es la potencia informática concentrada, más exigente se vuelve el control de la temperatura.

La expansión de estas instalaciones coincide con un escenario de temperaturas extremas, sequías recurrentes y recursos hídricos sometidos a una presión creciente. Julio de 2026 registró en la España peninsular una temperatura media de 25,7 grados, 2,6 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020. Empató con julio de 2022 como el mes más cálido de toda la serie histórica, iniciada en 1961, y fue además el julio más seco registrado, con precipitaciones equivalentes a solo el 26% de lo habitual.

Centros de datos de IA

En este contexto, elegir dónde levantar un centro de datos se convierte en una decisión estratégica. Ya no basta con disponer de suelo, fibra óptica o proximidad a los grandes mercados. La capacidad de la red eléctrica, el acceso sostenible al agua y la resistencia frente a incendios, inundaciones, tormentas, sequías u olas de calor forman parte de la viabilidad económica de cada proyecto.

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El informe El boom de la construcción de centros de datos: tendencias de riesgos y siniestros, elaborado por Allianz Commercial, calcula que el 79% de la capacidad mundial se encuentra en zonas con una exposición elevada a catástrofes naturales. El 54% afronta, además, un estrés crónico ocasionado por el calor y la sequía. Algunos de los enclaves donde la industria crece con mayor rapidez, como el norte de Virginia, Johor, en Malasia, o Marsella, en Francia, figuran también entre los territorios con un nivel de riesgo más alto.

El riesgo climático entra en los cálculos económicos

El calor extremo incrementa las necesidades de refrigeración y reduce la eficiencia de los equipos. La sequía restringe la disponibilidad de agua para determinados sistemas térmicos, mientras que una interrupción eléctrica puede paralizar servicios esenciales. El riesgo climático entra así de lleno en los cálculos sobre costes, aseguramiento y rentabilidad. Las amenazas aparecen mucho antes de que los servidores entren en funcionamiento. Durante la construcción pueden producirse incendios, inundaciones, robos, defectos de diseño o ejecución y daños en equipos de elevado valor.

Una vez operativo el centro, el abanico de riesgos se amplía: averías mecánicas y eléctricas, fallos de refrigeración, ciberincidentes, incendios, interrupciones del suministro y catástrofes naturales. La concentración de varias instalaciones en un mismo territorio agrava la exposición, ya que distintos complejos pueden depender de una misma subestación, una red de comunicaciones compartida o un único proveedor energético. Una incidencia localizada puede propagarse de este modo a través de infraestructuras interdependientes y desencadenar interrupciones en cascada.

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Los centros de datos sostienen servicios financieros, telecomunicaciones, administraciones públicas, hospitales, plataformas comerciales y procesos empresariales. Sus fallos, por tanto, han adquirido consecuencias económicas y sociales mucho más amplias. Las pérdidas ocasionadas por grandes incendios o catástrofes naturales pueden alcanzar ya cientos de millones de dólares. Allianz prevé que el mercado asegurador mundial vinculado a los centros de datos más que duplique su valor y llegue a los 24.000 millones de dólares en 2030.

Centros de datos de IA

La contestaciĂłn social marca el ritmo del sector

La presiĂłn sobre los recursos comienza a suscitar una respuesta social. La activista ambiental estadounidense Erin Brockovich ha impulsado una plataforma para recopilar informaciĂłn sobre centros de datos y canalizar las inquietudes de las comunidades donde se proyectan o construyen. El consumo de agua y electricidad, el ruido, los residuos electrĂłnicos, la falta de transparencia y el impacto sobre los servicios pĂşblicos figuran entre las principales preocupaciones de los ciudadanos.

La contestación local ya tiene efectos económicos. Solo durante el primer trimestre de 2026, la oposición de distintas comunidades retrasó o bloqueó en Estados Unidos al menos 75 proyectos valorados en cerca de 130.000 millones de dólares. Allianz concluye que los mayores límites a la expansión del sector son «cada vez más físicos que financieros»: electricidad, conexiones a la red, permisos, terrenos adecuados, equipos especializados y mano de obra cualificada.

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Esta escasez contrasta con la abundancia de capital. La inversión anual mundial en centros de datos pasará de aproximadamente 500.000 millones de dólares en 2024 a más de un billón, unos 870.000 millones de euros, ya en 2027. Estados Unidos y China concentrarán alrededor del 62% de la nueva capacidad incorporada hasta 2030, aunque la siguiente oleada de proyectos tendrá un carácter cada vez más global.

Sin embargo, hay voces que defienden el impacto positivo de estas infraestructuras. El caso de Quincy, una pequeña localidad agrícola del estado de Washington, es paradigmático. Microsoft llegó en 2006 buscando terreno barato y abundante energía hidroeléctrica del río Columbia. Desde entonces, la tasa de pobreza ha caído del 29,4% en 2012 al 13,1% en 2023, y los centros de datos se han convertido en el motor de las cuentas públicas. La recaudación fiscal pasó de 4,2 millones de dólares en 2006 a 54,2 millones, y eso ha permitido construir un nuevo instituto, hospital, ayuntamiento y hasta un centro acuático municipal.

España acelera hacia 2030

España se encuentra entre los mercados europeos con mejores perspectivas de crecimiento, junto con Finlandia y Dinamarca, debido a la disponibilidad potencial de energía y a unas condiciones para la tramitación de permisos que pueden resultar más favorables. Alemania, Reino Unido e Irlanda conservarán, no obstante, su posición como grandes núcleos del sector en Europa.

Centros de datos
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Según los datos de SpainDC recogidos por Allianz Commercial, la potencia informática instalada en los centros de datos comerciales españoles alcanzó los 439 megavatios al cierre de 2025, un 24% más que el año anterior. La asociación calcula que podría llegar a 2.537 megavatios en 2030 y prevé una inversión acumulada de 66.900 millones de euros hasta el final de la década, con una aportación anual estimada de 7.300 millones al producto interior bruto.

El Govern de Cataluña ha identificado 26 proyectos potenciales en el territorio que sumarían en conjunto unos 2.000 megavatios de potencia, y ha delimitado siete zonas de implantación prioritarias para ordenar su despliegue. Sin embargo, el sector y las entidades ecologistas señalan dificultades debido al suministro eléctrico. Valentín Pinuaga, conseller delegado de la empresa Equixing en España, afirmó que el principal obstáculo actual es el acceso a la energía porque las redes de distribución están muy saturadas.

Por su parte, la entidad Ecologistes en Acció advierte del riesgo de una «gentrificación energética». El activista Agustí Emperador explicó que estas instalaciones consumen mucha electricidad pero aportan pocos puestos de trabajo. Como ejemplo, expuso el futuro centro de datos de Flix, que consumirá la misma energía que la fábrica de Seat en Martorell pero solo empleará a 150 personas, frente a las más de 10.000 de la planta de automóviles.

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La tecnología busca soluciones para la escasez energética

Ante este panorama, algunas empresas están desarrollando soluciones para garantizar el suministro eléctrico de los centros de datos sin depender exclusivamente de la red. Energy Vault ha anunciado un acuerdo comercial estratégico para suministrar una solución integrada de infraestructura eléctrica de 1,25 GW destinada a centros de datos de inteligencia artificial de un proveedor líder de servicios en la nube. La primera implementación se desarrollará en Texas (Estados Unidos).

El acuerdo combina sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS), sistemas de conversión de energía con capacidad de grid forming y software de control de infraestructura de IA con generación eléctrica, grupos electrógenos Caterpillar y servicios integrales de ingeniería, adquisición y construcción (EPC). La alianza establece una arquitectura de referencia concebida para proporcionar energía firme e independiente de la red, estabilización eléctrica y equilibrio dinámico de carga a complejos de computación de IA modulares y escalables.

Las cargas asociadas a los clústeres de GPU pueden variar rápidamente, generando exigencias sobre la tensión, la frecuencia y la calidad del suministro que no siempre pueden gestionarse de forma eficiente mediante sistemas de generación convencionales. La solución de Energy Vault integra generación eléctrica despachable, almacenamiento en baterías, conversión de energía, sistemas de respaldo y software de control en una única arquitectura. De este modo, los distintos recursos pueden coordinarse en tiempo real para adaptar el suministro a las necesidades del centro de datos.

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La arquitectura modular permite, además, poner en funcionamiento infraestructura de computación antes de disponer de una conexión permanente a la red. Posteriormente, los proyectos pueden incorporar progresivamente energía procedente de la red, generación renovable y otros recursos energéticos distribuidos a medida que aumentan las necesidades del complejo.

Este tipo de soluciones resultan especialmente útiles en mercados donde las limitaciones de capacidad de la red, los largos plazos de interconexión y el crecimiento de la demanda eléctrica dificultan el desarrollo de nuevos centros de datos. La compañía estima que el acuerdo podría generar un impacto en sus ingresos de aproximadamente 500-600 millones de dólares durante el segundo semestre de 2026 y 2027.

La conversación sobre la IA ya no puede centrarse exclusivamente en sus capacidades tecnológicas. El billón de dólares que el sector prevé invertir explica la velocidad de la carrera, pero sus necesidades de electricidad, agua y resiliencia revelan también sus límites. La nube tiene una huella muy concreta y el futuro de la inteligencia artificial dependerá también de que el territorio sea capaz de soportarla, equilibrando el desarrollo económico con la sostenibilidad ambiental y la aceptación social.

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