La inteligencia artificial vive en la nube, pero se sostiene sobre infraestructuras firmemente ancladas al territorio. Detrás de cada consulta a un asistente digital, cada modelo entrenado y cada servicio alojado en remoto se extienden salas repletas de servidores que consumen electricidad sin descanso, desprenden grandes cantidades de calor y necesitan complejos sistemas de refrigeraciĂłn. Esa dimensiĂłn fĂsica comienza a perfilarse como uno de los principales desafĂos econĂłmicos y ambientales del auge de los centros de datos de IA.
Los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios hora de electricidad en 2024, el equivalente al 1,5% de la demanda mundial. La Agencia Internacional de la EnergĂa calcula que esa cifra alcanzará los 945 teravatios hora en 2030, una cantidad ligeramente superior a todo el consumo elĂ©ctrico actual de JapĂłn. La inteligencia artificial será el principal motor del incremento y la demanda de los centros optimizados para esta tecnologĂa podrĂa más que cuadruplicarse durante la segunda mitad de la dĂ©cada.
La presiĂłn sobre los recursos hĂdricos y energĂ©ticos
A la presiĂłn sobre el sistema elĂ©ctrico se suma el agua necesaria para evitar que los equipos se sobrecalienten. La refrigeraciĂłn puede suponer alrededor del 7% del consumo energĂ©tico de los grandes centros hiperescalables más eficientes, pero elevarse por encima del 30% en instalaciones empresariales con tecnologĂas menos avanzadas. El porcentaje depende de la ubicaciĂłn, el diseño y el sistema utilizado, aunque la relaciĂłn de fondo resulta inequĂvoca: cuanto mayor es la potencia informática concentrada, más exigente se vuelve el control de la temperatura.
La expansiĂłn de estas instalaciones coincide con un escenario de temperaturas extremas, sequĂas recurrentes y recursos hĂdricos sometidos a una presiĂłn creciente. Julio de 2026 registrĂł en la España peninsular una temperatura media de 25,7 grados, 2,6 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020. EmpatĂł con julio de 2022 como el mes más cálido de toda la serie histĂłrica, iniciada en 1961, y fue además el julio más seco registrado, con precipitaciones equivalentes a solo el 26% de lo habitual.

En este contexto, elegir dĂłnde levantar un centro de datos se convierte en una decisiĂłn estratĂ©gica. Ya no basta con disponer de suelo, fibra Ăłptica o proximidad a los grandes mercados. La capacidad de la red elĂ©ctrica, el acceso sostenible al agua y la resistencia frente a incendios, inundaciones, tormentas, sequĂas u olas de calor forman parte de la viabilidad econĂłmica de cada proyecto.
El informe El boom de la construcciĂłn de centros de datos: tendencias de riesgos y siniestros, elaborado por Allianz Commercial, calcula que el 79% de la capacidad mundial se encuentra en zonas con una exposiciĂłn elevada a catástrofes naturales. El 54% afronta, además, un estrĂ©s crĂłnico ocasionado por el calor y la sequĂa. Algunos de los enclaves donde la industria crece con mayor rapidez, como el norte de Virginia, Johor, en Malasia, o Marsella, en Francia, figuran tambiĂ©n entre los territorios con un nivel de riesgo más alto.
El riesgo climático entra en los cálculos económicos
El calor extremo incrementa las necesidades de refrigeraciĂłn y reduce la eficiencia de los equipos. La sequĂa restringe la disponibilidad de agua para determinados sistemas tĂ©rmicos, mientras que una interrupciĂłn elĂ©ctrica puede paralizar servicios esenciales. El riesgo climático entra asĂ de lleno en los cálculos sobre costes, aseguramiento y rentabilidad. Las amenazas aparecen mucho antes de que los servidores entren en funcionamiento. Durante la construcciĂłn pueden producirse incendios, inundaciones, robos, defectos de diseño o ejecuciĂłn y daños en equipos de elevado valor.
Una vez operativo el centro, el abanico de riesgos se amplĂa: averĂas mecánicas y elĂ©ctricas, fallos de refrigeraciĂłn, ciberincidentes, incendios, interrupciones del suministro y catástrofes naturales. La concentraciĂłn de varias instalaciones en un mismo territorio agrava la exposiciĂłn, ya que distintos complejos pueden depender de una misma subestaciĂłn, una red de comunicaciones compartida o un Ăşnico proveedor energĂ©tico. Una incidencia localizada puede propagarse de este modo a travĂ©s de infraestructuras interdependientes y desencadenar interrupciones en cascada.
Los centros de datos sostienen servicios financieros, telecomunicaciones, administraciones públicas, hospitales, plataformas comerciales y procesos empresariales. Sus fallos, por tanto, han adquirido consecuencias económicas y sociales mucho más amplias. Las pérdidas ocasionadas por grandes incendios o catástrofes naturales pueden alcanzar ya cientos de millones de dólares. Allianz prevé que el mercado asegurador mundial vinculado a los centros de datos más que duplique su valor y llegue a los 24.000 millones de dólares en 2030.

La contestaciĂłn social marca el ritmo del sector
La presiĂłn sobre los recursos comienza a suscitar una respuesta social. La activista ambiental estadounidense Erin Brockovich ha impulsado una plataforma para recopilar informaciĂłn sobre centros de datos y canalizar las inquietudes de las comunidades donde se proyectan o construyen. El consumo de agua y electricidad, el ruido, los residuos electrĂłnicos, la falta de transparencia y el impacto sobre los servicios pĂşblicos figuran entre las principales preocupaciones de los ciudadanos.
La contestaciĂłn local ya tiene efectos econĂłmicos. Solo durante el primer trimestre de 2026, la oposiciĂłn de distintas comunidades retrasĂł o bloqueĂł en Estados Unidos al menos 75 proyectos valorados en cerca de 130.000 millones de dĂłlares. Allianz concluye que los mayores lĂmites a la expansiĂłn del sector son «cada vez más fĂsicos que financieros»: electricidad, conexiones a la red, permisos, terrenos adecuados, equipos especializados y mano de obra cualificada.
Esta escasez contrasta con la abundancia de capital. La inversión anual mundial en centros de datos pasará de aproximadamente 500.000 millones de dólares en 2024 a más de un billón, unos 870.000 millones de euros, ya en 2027. Estados Unidos y China concentrarán alrededor del 62% de la nueva capacidad incorporada hasta 2030, aunque la siguiente oleada de proyectos tendrá un carácter cada vez más global.
Sin embargo, hay voces que defienden el impacto positivo de estas infraestructuras. El caso de Quincy, una pequeña localidad agrĂcola del estado de Washington, es paradigmático. Microsoft llegĂł en 2006 buscando terreno barato y abundante energĂa hidroelĂ©ctrica del rĂo Columbia. Desde entonces, la tasa de pobreza ha caĂdo del 29,4% en 2012 al 13,1% en 2023, y los centros de datos se han convertido en el motor de las cuentas pĂşblicas. La recaudaciĂłn fiscal pasĂł de 4,2 millones de dĂłlares en 2006 a 54,2 millones, y eso ha permitido construir un nuevo instituto, hospital, ayuntamiento y hasta un centro acuático municipal.
España acelera hacia 2030
España se encuentra entre los mercados europeos con mejores perspectivas de crecimiento, junto con Finlandia y Dinamarca, debido a la disponibilidad potencial de energĂa y a unas condiciones para la tramitaciĂłn de permisos que pueden resultar más favorables. Alemania, Reino Unido e Irlanda conservarán, no obstante, su posiciĂłn como grandes nĂşcleos del sector en Europa.
SegĂşn los datos de SpainDC recogidos por Allianz Commercial, la potencia informática instalada en los centros de datos comerciales españoles alcanzĂł los 439 megavatios al cierre de 2025, un 24% más que el año anterior. La asociaciĂłn calcula que podrĂa llegar a 2.537 megavatios en 2030 y prevĂ© una inversiĂłn acumulada de 66.900 millones de euros hasta el final de la dĂ©cada, con una aportaciĂłn anual estimada de 7.300 millones al producto interior bruto.
El Govern de Cataluña ha identificado 26 proyectos potenciales en el territorio que sumarĂan en conjunto unos 2.000 megavatios de potencia, y ha delimitado siete zonas de implantaciĂłn prioritarias para ordenar su despliegue. Sin embargo, el sector y las entidades ecologistas señalan dificultades debido al suministro elĂ©ctrico. ValentĂn Pinuaga, conseller delegado de la empresa Equixing en España, afirmĂł que el principal obstáculo actual es el acceso a la energĂa porque las redes de distribuciĂłn están muy saturadas.
Por su parte, la entidad Ecologistes en AcciĂł advierte del riesgo de una «gentrificaciĂłn energĂ©tica». El activista AgustĂ Emperador explicĂł que estas instalaciones consumen mucha electricidad pero aportan pocos puestos de trabajo. Como ejemplo, expuso el futuro centro de datos de Flix, que consumirá la misma energĂa que la fábrica de Seat en Martorell pero solo empleará a 150 personas, frente a las más de 10.000 de la planta de automĂłviles.
La tecnologĂa busca soluciones para la escasez energĂ©tica
Ante este panorama, algunas empresas están desarrollando soluciones para garantizar el suministro elĂ©ctrico de los centros de datos sin depender exclusivamente de la red. Energy Vault ha anunciado un acuerdo comercial estratĂ©gico para suministrar una soluciĂłn integrada de infraestructura elĂ©ctrica de 1,25 GW destinada a centros de datos de inteligencia artificial de un proveedor lĂder de servicios en la nube. La primera implementaciĂłn se desarrollará en Texas (Estados Unidos).
El acuerdo combina sistemas de almacenamiento de energĂa en baterĂas (BESS), sistemas de conversiĂłn de energĂa con capacidad de grid forming y software de control de infraestructura de IA con generaciĂłn elĂ©ctrica, grupos electrĂłgenos Caterpillar y servicios integrales de ingenierĂa, adquisiciĂłn y construcciĂłn (EPC). La alianza establece una arquitectura de referencia concebida para proporcionar energĂa firme e independiente de la red, estabilizaciĂłn elĂ©ctrica y equilibrio dinámico de carga a complejos de computaciĂłn de IA modulares y escalables.
Las cargas asociadas a los clĂşsteres de GPU pueden variar rápidamente, generando exigencias sobre la tensiĂłn, la frecuencia y la calidad del suministro que no siempre pueden gestionarse de forma eficiente mediante sistemas de generaciĂłn convencionales. La soluciĂłn de Energy Vault integra generaciĂłn elĂ©ctrica despachable, almacenamiento en baterĂas, conversiĂłn de energĂa, sistemas de respaldo y software de control en una Ăşnica arquitectura. De este modo, los distintos recursos pueden coordinarse en tiempo real para adaptar el suministro a las necesidades del centro de datos.
La arquitectura modular permite, además, poner en funcionamiento infraestructura de computaciĂłn antes de disponer de una conexiĂłn permanente a la red. Posteriormente, los proyectos pueden incorporar progresivamente energĂa procedente de la red, generaciĂłn renovable y otros recursos energĂ©ticos distribuidos a medida que aumentan las necesidades del complejo.
Este tipo de soluciones resultan especialmente Ăştiles en mercados donde las limitaciones de capacidad de la red, los largos plazos de interconexiĂłn y el crecimiento de la demanda elĂ©ctrica dificultan el desarrollo de nuevos centros de datos. La compañĂa estima que el acuerdo podrĂa generar un impacto en sus ingresos de aproximadamente 500-600 millones de dĂłlares durante el segundo semestre de 2026 y 2027.
La conversaciĂłn sobre la IA ya no puede centrarse exclusivamente en sus capacidades tecnolĂłgicas. El billĂłn de dĂłlares que el sector prevĂ© invertir explica la velocidad de la carrera, pero sus necesidades de electricidad, agua y resiliencia revelan tambiĂ©n sus lĂmites. La nube tiene una huella muy concreta y el futuro de la inteligencia artificial dependerá tambiĂ©n de que el territorio sea capaz de soportarla, equilibrando el desarrollo econĂłmico con la sostenibilidad ambiental y la aceptaciĂłn social.


