La relación entre los influencers y su audiencia ha entrado en una etapa de visible desgaste. A lo largo de este verano se ha viralizado la expresión que muchos utilizan para resumir una sensación de agotamiento: que el modelo se cae. No faltan ejemplos que alimentan esa percepción: los vĆdeos de creadores defendiendo privilegios con desconexión de la realidad social, los comentarios fuera de lugar de algunos streamers, y una presencia cada vez mĆ”s abrumadora de patrocinios y colaboraciones que muchos usuarios identifican sin esfuerzo.
Sin embargo, los datos no muestran que la industria estĆ© colapsando. El pĆŗblico continĆŗa siguiendo a estas figuras, pero el nivel de confianza ha descendido hasta el punto de que la mayorĆa de internautas sospecha que todo lo que publican tiene un componente comercial. Esta contradicción ha situado a los influencers en una posición incómoda: siguen siendo un negocio rentable para las marcas, pero su imagen de cercanĆa y autenticidad se resquebraja ante la saturación publicitaria.
El verano de las polĆ©micas: de Carliyo a la hermana de Marta DĆaz
El calendario de los Ćŗltimos meses ha sido un campo de pruebas para la confianza de la audiencia. Empezando por el influencer malagueƱo Carlos GarcĆa, mĆ”s conocido como Carliyo el Nervio, que durante el eclipse total del pasado 12 de agosto calificó este fenómeno astronómico de ācortina de humoā para desviar la atención de problemas como la crisis de la vivienda. Un discurso que no sentó nada bien entre sus 1,7 millones de seguidores de TikTok, sobre todo cuando despuĆ©s de dos meses en Estados Unidos invitado al Mundial, regresaba criticando a los medios por no hablar de lo que realmente importa.
MĆ”s o menos por las mismas fechas, Violeta MangriƱƔn protagonizó un nuevo episodio al comparar las gafas para ver el eclipse con las que comercializa el futbolista Marcos Llorente, en el centro de la polĆ©mica por negar la eficacia del protector solar. La influencer, conocida por su paso por realities, provocó en su red social un debate sobre negacionismo y teorĆas conspiratorias que, para muchos, suponĆa la puntilla de un sector que se atreve a opinar de todo sin ninguna formación.
En la Velada del AƱo de Ibai tambiĆ©n se vivió un momento de inflexión. La influencer Roro, que se presentó con un casco que las reglas del combate no contemplaban, fue la cara de una controversia que le acompañó durante semanas. Y, por si fuera poco, los creadores Marta DĆaz y AlphaSniper eligieron el evento para presentar a su hermana pequeƱa, Laura DĆaz, en un formato que muchos interpretaron como un āunboxingā de persona, convirtiendo a una joven en el Ćŗltimo lanzamiento de una nueva temporada en redes.
Los datos de la desconfianza: el 69,8% ve abuso de publicidad encubierta
La 28ĀŖ edición de Navegantes en la Red, elaborada por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, ha convertido en cifras aquello que muchos percibĆan en el dĆa a dĆa. El 56,4% de los internautas espaƱoles sigue a algĆŗn influencer, youtuber o streamer. La audiencia no ha desaparecido, pero el 69,8% de quienes lo hacen considera que estos creadores hacen un uso o abuso de la publicidad encubierta, mientras que el 61,9% cree que la mayorĆa de sus comentarios y publicaciones son de carĆ”cter publicitario.
Ese malestar se refleja en una realidad evidente: se ha multiplicado el contenido donde los propios usuarios hacen parodias de los influencers que llegan tarde a cualquier cita invocando sus seguidores, o que celebran tener un mes de vacaciones cuando la precariedad laboral es estructural. La impresión de que viven en una burbuja aislada de la realidad es uno de los motores de la crisis de credibilidad, y las cifras de la AIMC confirman que no es solo una cuestión de moda.

La industria no se detiene: 158 millones de euros en marketing de influencers
A pesar de la conversación sobre el declive, los datos de inversión no apuntan en la misma dirección. El marketing de influencers se ha consolidado como una herramienta publicitaria sólida, y las marcas no han mostrado intención de abandonar esta fórmula. El último estudio de IAB Spain recoge que la inversión en influencer marketing dentro de España alcanzó los 158,4 millones de euros en 2025, un 25,9% mÔs que el año anterior. Para 2026 se espera otro aumento, con previsiones que oscilan entre el 20% y el 40% de crecimiento.
La televisión convencional ya no funciona igual que antes para las marcas, asĆ que las audiencias hipersegmentadas que ofrecen los influencers se han convertido en un filón. Pero dentro del sector se detecta un cambio de criterio. Las agencias han comenzado a vigilar la calidad de los perfiles, su coherencia y su reputación, no solo los datos de seguidores. La fatiga del pĆŗblico se traduce en una exigencia mayor de trasparencia y de comunicación que no atente contra la sensación de cercanĆa.
El de-influencing y las comunidades pequeƱas: la nueva alternativa
La respuesta de parte de la audiencia ha sido el llamado āde-influencingā, un movimiento en redes que aboga por no consumir productos que se presentan como imprescindibles en los perfiles de los creadores. Esta reacción no es nueva, pero se ha visto amplificada gracias al hartazgo por la publicidad omnipresente. Frente al influencer aspiracional que vive a todo lujo, se reivindica el perfil que da consejos sencillos, reales y sin patrocinio.
La tendencia ha llegado acompañada de otro fenómeno: la preferencia por las llamadas comunidades pequeñas. Los creadores con nichos concretos, que aportan conocimiento o entretenimiento genuino, estÔn ganando el terreno que pierden los que basan su presencia en mostrarlo que llevan la vida de novela. Los usuarios buscan, como, volver a ver a personas cercanas con las que puedan identificarse, y esa es una exigencia que no todos los influencers de la primera generación pueden cumplir.
Las marcas tambiĆ©n han recogido esa petición. SegĆŗn los expertos que ha pasado por este anĆ”lisis, se valora cada vez mĆ”s la especialización y la autoridad dentro de un Ć”rea concreta que tener mĆ”s que millones de seguidores pero muy poca comunidad activa. AsĆ, la conversación sobre la caĆda de los influencers puede interpretarse no como un fin de su historia, sino como el paso de un modelo de altavoz masivo a otro que vuelve a poner la confianza y el contenido por delante del simple escaparate.
En definitiva, el ecosistema de los creadores de contenido se encuentra en un momento de madurez. Ni la industria se ha desplomado ni la credibilidad se ha recuperado por completo; se estĆ” cribando el sector para quedarse con aquello que aporta valor real. La tecnologĆa de redes y los medios como TikTok, Instagram o YouTube siguen con el pĆŗblico diario de hasta un 87% de los internautas, pero la forma de relacionarse con lo que se exhibe en estas pantallas ha cambiado para siempre. La confianza, que es la base de esta industria, ya no se da por supuesta: se gana, se cuida y se puede perder a la velocidad de un āstorieā.