El relevo en la cúpula de Apple ya es oficial: Tim Cook cede el testigo a John Ternus como nuevo consejero delegado de la compañía de Cupertino a partir del 1 de septiembre. No se trata de un giro brusco, sino de una transición diseñada con calma durante años y respaldada por el consejo de administración, que busca garantizar continuidad en el liderazgo del gigante tecnológico.
Mientras se consuma el cambio, Cook seguirá ejerciendo como CEO durante el verano y trabajará codo con codo con Ternus para que el traspaso de poderes sea lo más fluido posible. Después, el histórico ejecutivo pasará a ser presidente ejecutivo del consejo, una figura que le permitirá seguir influyendo en la estrategia global, en especial en la relación con gobiernos, reguladores y grandes inversores.
Un relevo meditado tras 15 años de liderazgo de Tim Cook
La salida de Cook de la primera línea no pilla a nadie por sorpresa: los rumores sobre su intención de reducir carga de trabajo llevaban meses circulando, con informaciones en medios como The New York Times que apuntaban a un proceso de sucesión ya en marcha. A sus 65 años, Cook cierra una etapa de 15 años al frente de Apple, en la que la compañía ha pasado de ser un referente de innovación a convertirse también en una máquina de ingresos estable y extremadamente rentable.
Bajo su mandato, Apple ha alcanzado una capitalización bursátil cercana a los cuatro billones de dólares y ha ampliado de forma notable su abanico de productos y servicios. Además del iPhone, que se ha consolidado como centro del ecosistema, durante estos años se han lanzado dispositivos como iPad, Apple Watch, AirPods y las gafas de realidad mixta Apple Vision Pro, así como una potente división de servicios digitales.
Cook ha sido especialmente reconocido por su capacidad para optimizar la cadena de suministro y mejorar márgenes, reforzar la presencia global de Apple y convertir el negocio de servicios en un pilar clave de ingresos recurrentes. Los últimos resultados anuales reflejan esta estrategia: facturación por encima de los 400.000 millones de dólares y beneficios netos de más de 100.000 millones, impulsados por la demanda del iPhone 17 y el crecimiento continuo del ecosistema.
En el plano institucional, el ejecutivo ha cultivado una relación pragmática con distintos gobiernos, incluido el de Estados Unidos, donde su trato con Donald Trump le generó críticas pese a insistir en su neutralidad política. Ese perfil negociador y su habilidad para gestionar un escenario regulatorio cada vez más exigente seguirán siendo útiles en su nueva etapa como presidente ejecutivo.
Apple subraya que Cook ha reforzado valores como la privacidad, la accesibilidad y la sostenibilidad en el centro de la toma de decisiones. El propio ejecutivo ha calificado su etapa como CEO como “el mayor privilegio” de su vida y, en una carta a empleados y clientes, se ha despedido con un tono muy personal, agradeciendo la confianza de la comunidad y reivindicando la misión de “mejorar un poco la vida de las personas cada día”.
John Ternus, el ingeniero que asume el timón de Apple
El protagonista del relevo es John Ternus, hasta ahora vicepresidente sénior de Ingeniería de Hardware, que se convertirá en nuevo CEO el 1 de septiembre. Su trayectoria es la de un “hombre de la casa”: se incorporó a Apple en 2001 como miembro del equipo de diseño de productos y ha ido escalando posiciones hasta integrarse en el equipo ejecutivo en 2021.
Nacido en California en 1975, Ternus se graduó en ingeniería mecánica por la Universidad de Pensilvania, donde además destacó como nadador en el equipo universitario, batiendo récords en pruebas como los 50 metros libres y los 200 metros estilos. Su proyecto de fin de carrera fue el diseño de un brazo mecánico de alimentación para personas con cuadriplejia controlado mediante movimientos de cabeza, una muestra temprana de su interés por la tecnología aplicada a la vida diaria.
Antes de llegar a Cupertino, trabajó en Virtual Research Systems, una empresa pionera en realidad virtual surgida de la primera gran ola de esta tecnología en los años 80 y 90. Allí se dedicó al diseño de cascos de realidad virtual y sistemas de inmersión, experiencia que más tarde sería clave en el desarrollo de dispositivos como el Apple Vision Pro y en el trabajo con pantallas avanzadas e interfaces persona-ordenador.
Una vez dentro de Apple, Ternus arrancó en el equipo de diseño de productos para la familia Mac, participando en monitores externos y otros accesorios en un momento crítico: el regreso de Steve Jobs, la reestructuración de la compañía y el lanzamiento de productos que redefinirían sectores enteros. Con el tiempo se convirtió en una figura central del área de hardware.
En 2013 fue nombrado vicepresidente de Ingeniería de Hardware, supervisando líneas clave como Mac, iPad y los entonces incipientes AirPods. En 2020 asumió también la responsabilidad sobre el iPhone y poco después entró en el equipo ejecutivo, consolidándose como uno de los perfiles con más peso interno. Desde 2021 ejercía como vicepresidente sénior de Ingeniería de Hardware, gestionando un portfolio que genera alrededor del 80% de los ingresos de Apple.
Del iPad a Apple Silicon: el peso de Ternus en el hardware de Apple
A lo largo de sus más de dos décadas en la compañía, Ternus ha dejado huella en prácticamente todas las familias de producto. Ha tenido un papel relevante en el lanzamiento de cada generación de iPad, en múltiples evoluciones del iPhone y en la consolidación del Apple Watch y los AirPods como piezas esenciales del ecosistema.
Uno de sus hitos más citados es la transición de los Mac desde procesadores Intel a los chips Apple Silicon. Este movimiento, que comenzó en 2020, supuso uno de los cambios tecnológicos más importantes de la última década para Apple: permitió ganar rendimiento, eficiencia energética y control sobre la hoja de ruta de producto. La buena acogida de los nuevos Mac con chips propios se tradujo en un repunte notable de ventas y reforzó la imagen de Apple como compañía capaz de diseñar tanto hardware como silicio a medida.
Entre las decisiones más comentadas figura también la introducción de un pequeño láser en los modelos iPhone Pro, pensado para mejorar la fotografía, el mapeo del entorno y las funciones de realidad aumentada. El componente elevaba en unos 40 dólares el coste por dispositivo, lo que obligó a buscar un equilibrio entre innovación y rentabilidad. La solución de Ternus fue limitarlo a la gama Pro, dirigida a usuarios más fieles y dispuestos a pagar un extra por funciones avanzadas.
En los últimos años, Ternus ha ido ganando visibilidad pública: ha presentado nuevos MacBook Pro e iPad Pro en los eventos de Apple, ha ejercido de portavoz técnico en ferias y keynotes, y llegó a recibir en persona a los primeros compradores del iPhone 17 en la tienda emblemática de Apple en Londres en septiembre de 2025, un gesto poco habitual para un ejecutivo de su rango.
Su papel en el lanzamiento del MacBook Neo, el portátil de precio más contenido con chip propio, ha sido otro punto de inflexión. Este modelo, clave para ampliar la base de usuarios en uno de los productos tradicionalmente más premium de la compañía, ha registrado una demanda tan elevada que está tensionando la capacidad de producción, según reconocen fuentes del sector.
Un perfil continuista, técnico y con proyección a largo plazo
Tanto desde dentro de Apple como desde la prensa especializada, Ternus se percibe como el sucesor natural de Cook. Su nombre llevaba tiempo sonando por delante de otros ejecutivos veteranos y analistas en medios como Xataka ya lo situaban como favorito en sus quinielas sobre la sucesión. La elección refuerza la tradición de la compañía de apostar por perfiles internos, familiarizados con su cultura y su manera de entender el producto.
A sus 51 años, la misma edad con la que Cook tomó el relevo de Steve Jobs, se espera que pueda liderar la compañía durante una década o más, aportando estabilidad al frente de una Apple que encara una etapa de cambios profundos. Su estilo de gestión se describe como calmado, colaborativo y muy centrado en los detalles, más cercano al perfil discreto y metódico de Cook que al carácter volcánico de Jobs.
Medios como The Wall Street Journal lo han definido como un “ingeniero mecánico afable”, capaz de moverse con soltura en la compleja burocracia de una de las empresas más poderosas del mundo sin generar fricciones. A diferencia de Cook, su foco ha estado más en los aspectos puramente técnicos y de ingeniería que en la parte operativa o financiera, algo que muchos analistas consideran adecuado para la fase en la que entra Apple.
En declaraciones tras su nombramiento, Ternus ha subrayado su intención de liderar con los valores y la visión que han definido a Apple durante medio siglo. Ha recordado la suerte de haber trabajado tanto con Steve Jobs como con Tim Cook, y ha insistido en que su objetivo es seguir creando productos y experiencias que transformen la forma en que interactuamos con la tecnología y entre nosotros.
Ese doble anclaje —haber vivido de primera mano tanto la etapa de disrupción de Jobs como la de consolidación de Cook— le sitúa como un puente entre el pasado y la próxima gran fase de la compañía. En un momento en el que Apple debe seguir innovando sin poner en riesgo la estabilidad de un negocio gigantesco, esa perspectiva híbrida puede resultar especialmente valiosa.
El gran reto: situar a Apple en la primera línea de la inteligencia artificial
Si hay un desafío que sobresale por encima del resto en la agenda del nuevo CEO es, sin duda, la inteligencia artificial. Frente a rivales como Google, Microsoft u OpenAI, Apple ha sido percibida como más lenta y prudente en este campo, lo que ha generado dudas entre analistas e inversores sobre su capacidad para marcar el paso en la próxima gran ola tecnológica.
La compañía ha preferido, por ahora, forjar alianzas con otros actores de la IA, incorporando tecnologías como ChatGPT o Gemini en sus sistemas operativos, en lugar de apostar por un único modelo propio. Esta estrategia defensiva se percibe como una forma de ganar tiempo mientras se desarrolla una propuesta más integrada y alineada con la filosofía de privacidad y control de datos de Apple.
No faltan voces que consideran que la burbuja de la IA puede estar sobrecalentada y que invertir con excesiva agresividad podría ser arriesgado. Algunos estrategas de inversión, como Susannah Streeter, apuntan que mantener un ritmo de inversión más comedido, como se espera que haga Ternus, podría ser sensato si finalmente se desinfla parte del entusiasmo actual.
En paralelo, Apple trabaja en una nueva generación de Siri más avanzada, con capacidades ampliadas y una integración más profunda en el sistema. La compañía ha retrasado su lanzamiento para pulir la experiencia, en un contexto en el que su ritmo de inversión en IA sigue siendo inferior al de competidores como Anthropic, Google o la propia OpenAI.
Otra cuestión de fondo es cómo se materializará físicamente esa inteligencia artificial. La industria mira cada vez más hacia robots y dispositivos autónomos como frontera natural de la IA aplicada. No son pocas las voces que se preguntan si el próximo gran producto de Apple podría ser un robot doméstico o humanoide, un salto que cuestionaría el tradicional enfoque de la firma en dispositivos pequeños, elegantes y muy centrados en la experiencia personal.
Un contexto geopolítico y regulatorio más exigente
Más allá de la tecnología, Ternus hereda un entorno político y regulatorio sensiblemente más hostil que el que encontró Apple hace una década. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, el impacto de los aranceles impulsados durante la presidencia de Donald Trump y las investigaciones antimonopolio en varios mercados han obligado a la compañía a moverse con cada vez más cuidado.
Aunque Apple ha intentado diversificar su producción hacia países como India o Vietnam, su dependencia de la manufactura china sigue siendo elevada, lo que la hace vulnerable a cambios repentinos en la política comercial o a crisis geopolíticas. La capacidad de Ternus para gestionar esta transición de la cadena de suministro, sin sacrificar calidad ni márgenes, será clave para mantener la competitividad.
En Europa, la compañía se enfrenta a un marco regulatorio más estricto, con normativas como la Ley de Mercados Digitales y la presión para abrir sus ecosistemas, especialmente iOS y la App Store, a mayor competencia. Esta realidad obligará a adaptar los modelos de negocio sin perder el control sobre la experiencia de usuario, una de las señas de identidad de Apple.
Es en este tablero donde seguirá siendo relevante la figura de Tim Cook como presidente ejecutivo. Su experiencia tratando con Bruselas, Washington y Pekín, así como su historial de negociación en situaciones delicadas, puede servir de contrapeso a la menor experiencia institucional de Ternus, al menos durante los primeros años del relevo.
Al mismo tiempo, Apple necesita demostrar a los mercados que sigue siendo capaz de crecer en un entorno macroeconómico más incierto, con posibles tensiones en el consumo y dudas sobre la fortaleza de la demanda global. En Europa y España, donde la marca mantiene una fuerte implantación, la evolución del gasto en electrónica de consumo y la respuesta a los nuevos iPhone, Mac y servicios serán indicadores vigilados de cerca.
Una nueva etapa para Apple: continuidad en el fondo, cambios en la forma
La elección de Ternus como nuevo consejero delegado enviará a los mercados una señal clara de apuesta por la continuidad interna y por un liderazgo con fuerte base técnica. No se trata de una revolución, sino de un paso más en la estrategia que ha seguido Apple desde los años de Jobs: priorizar la integración estrecha entre hardware, software y servicios, y controlar al máximo cada detalle de la experiencia de usuario.
El nuevo CEO se encontrará con una empresa que sigue siendo una de las más rentables del planeta, con una marca muy consolidada en Europa y una base de clientes extremadamente fiel, pero que tiene por delante preguntas importantes: cuál será el siguiente gran producto después del smartphone, hasta dónde puede crecer el negocio de servicios y cómo se insertará la inteligencia artificial en ese ecosistema sin comprometer la privacidad ni la calidad de la experiencia.
En el plano más humano, también quedará por ver cómo maneja Ternus su exposición pública. Cook, que hizo pública su orientación sexual en 2014, mantuvo siempre un perfil relativamente discreto respecto a su vida privada, algo cada vez más difícil en un entorno donde se exige autenticidad constante a las grandes figuras corporativas. El nuevo CEO tendrá que decidir cuánto deja ver de su faceta personal en una época en la que la imagen del líder también influye en la percepción de la marca.
Con todo, el relevo en Apple apunta a una combinación de estabilidad y transformación: Cook se mantiene como garante de la relación con instituciones y grandes accionistas, mientras que Ternus asume la misión de impulsar el próximo capítulo tecnológico de la compañía desde una visión profundamente enraizada en el producto. Para usuarios y mercados europeos y españoles, lo relevante será comprobar si ese tándem es capaz de mantener el ritmo de innovación sin perder la fiabilidad que se espera de una firma que ha marcado la pauta de la electrónica de consumo en las dos últimas décadas.
La sensación en la industria es que no estamos ante un simple cambio de nombres en el organigrama, sino ante el inicio de una nueva fase en la historia de Apple: una etapa en la que el peso de la ingeniería y la inteligencia artificial será aún mayor, el contexto político y regulatorio estará más cargado y la competencia por el siguiente gran dispositivo que reemplace al smartphone se intensificará. Que ese futuro se incline hacia el éxito o hacia un terreno más incierto dependerá, en buena medida, de cómo John Ternus sepa aprovechar la herencia de Tim Cook y al mismo tiempo imprimir su propio sello a la compañía.