
El mundo de los influencers en España no deja de dar titulares. Desde acusaciones de manipulación por parte de grandes tecnológicas hasta polémicas por viajes solidarios que terminan siendo criticados, pasando por el lujo de los yates y el activismo en incendios forestales. La figura del creador de contenido se ha convertido en un fenómeno social y económico que despierta tanto admiración como rechazo.
Mientras algunos acumulan millones de seguidores y facturan cifras astronómicas, otros se enfrentan a un escrutinio constante sobre la ética de su trabajo. Lo que está claro es que el debate sobre el papel de los influencers en la sociedad española está más vivo que nunca, con voces a favor y en contra que no dejan de cruzarse en redes y medios.
El lado oscuro de la influencia: explotación y manipulación
Una investigación del Tech Transparency Project (TTP) ha destapado cómo Meta, la empresa matriz de Instagram, habría desplegado un ejército de madres influencers para promocionar la seguridad de sus plataformas. Estas madres, algunas con cerca de un millón de seguidores en España, son invitadas a eventos y reciben compensación económica a cambio de difundir mensajes clave con etiquetas como #MetaPartner. El objetivo, según TTP, es contrarrestar la mala imagen generada por los miles de litigios abiertos contra la compañía por los daños que las redes causan en menores, sumándose al creciente cerco legal a las redes sociales. De hecho, el 62,7% de los casos atendidos por las Líneas de Ayuda ANAR en 2025 estuvieron relacionados con un uso inadecuado de la tecnología.
Paralelamente, la polémica sobre el llamado ‘poverty porn’ ha vuelto a la palestra. La influencer Blanca Pombo, prima de las conocidas hermanas Pombo, anunció un sorteo de una experiencia de voluntariado en Uganda junto a una ONG, utilizando imágenes de menores. Las críticas no se hicieron esperar y la publicación fue retirada>. Este caso recuerda al de Dulceida en 2018, cuando fue acusada de ‘white savior complex’ por regalar gafas de sol a niños en Ciudad de Cabo. Ahora, Burkina Faso ha ido un paso más allá y ha prohibido que los influencers graben o fotografíen a menores o personas vulnerables en su país, calificando esta práctica de ‘pornografía de la pobreza’.
Influencers y su papel en la sociedad: del lujo al activismo
No todo son críticas. Algunos influencers utilizan su altavoz para causas sociales. Violeta Mangriñán, por ejemplo, alertó sobre el devastador incendio forestal en Vall de’Uxó, donde su madre se ofreció como voluntaria. Mangriñán aprovechó para defender a los creadores de contenido ante quienes critican sus elevados ingresos, recordando que ‘los influencers no cobran del dinero público, ganan dinero de marcas y empresas privadas y aportan al Estado mucho dinerito’. Además, señaló que en España hay 9.000 políticos que sí viven del erario público.
En el extremo opuesto, el lujo también tiene su espacio. Las influencers Lola Lolita y Judith Arias protagonizaron una jornada de navegación en Mallorca a bordo del yate Blue M, gestionado por Bluebnc. Los vídeos compartidos en Instagram y TikTok acumulan millones de reproducciones, demostrando el poder de convocatoria de estas figuras y cómo el social commerce se consolida en España. La embarcación, de 21,45 metros de eslora, puede albergar hasta 12 invitados y es uno de los modelos más demandados en Baleares. Desde la compañía destacaron que cada vez más celebridades eligen Mallorca por su exclusividad.
Así, el ecosistema influencer en España se mueve entre la controversia, el activismo y el negocio. Mientras unos son acusados de explotar la vulnerabilidad ajena o de servir a los intereses de las grandes tecnológicas, otros demuestran que su influencia puede tener un impacto positivo o simplemente ser un reflejo del consumo de lujo. Lo que es innegable es que los creadores de contenido han llegado para quedarse, y con ellos, la necesidad de un debate público sobre su regulación y su responsabilidad.
