China pone en marcha el primer centro de datos submarino comercial para impulsar la inteligencia artificial

  • La infraestructura utiliza el agua del mar para una refrigeración pasiva, eliminando la necesidad de aire acondicionado industrial.
  • El complejo alberga unos 2.000 servidores de alto rendimiento alimentados íntegramente por energía eólica marina.
  • Se estima un ahorro energético del 22,8% y un consumo nulo de agua dulce, un hito para la sostenibilidad tecnológica.
  • El proyecto está ubicado a 10 metros de profundidad en la costa de Shanghái y pesa cerca de 1.950 toneladas.

Centro de datos submarino en China

La explosión de la inteligencia artificial y la demanda masiva de servicios en la nube están poniendo en jaque la infraestructura eléctrica tradicional de medio mundo. Ante este panorama, se buscan alternativas que permitan seguir creciendo sin que la factura ambiental y económica se dispare, algo que en el territorio europeo y en España se mira con lupa debido a los estrictos objetivos de sostenibilidad y eficiencia energética actuales.

En este contexto, el gigante asiático ha dado un golpe sobre la mesa al poner en marcha una infraestructura que parece sacada de una película de ciencia ficción. Se trata del primer centro de datos sumergido a escala comercial, una mole tecnológica que aprovecha las bajas temperaturas del fondo marino para solucionar uno de los mayores quebraderos de cabeza del sector: el calor generado por los procesadores de última generación.

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Una mole de acero bajo las aguas de Shanghái

Situado en la Zona de Libre Comercio de Linggang, en las inmediaciones de Shanghái, este proyecto no es ninguna tontería. Estamos hablando de una estructura que alcanza las 1.950 toneladas de peso y que ha sido depositada con precisión a unos 10 metros de profundidad. En su interior, protegidos por módulos resistentes a la presión y a la corrosión, se encuentran cerca de 2.000 servidores de alto rendimiento que ya trabajan a destajo para procesar datos de redes 5G y entrenar modelos de lenguaje avanzados.

Lo que hace que este despliegue sea único es su integración con el entorno. A diferencia de los centros terrestres que devoran electricidad de la red general, este complejo está conectado directamente a un parque eólico offshore. Esto significa que toda la potencia necesaria para mover los datos proviene de fuentes renovables marinas, cerrando un círculo de eficiencia que hasta ahora pocos se habían atrevido a implementar con este nivel de ambición comercial.

Adiós al aire acondicionado y al gasto de agua dulce

Uno de los puntos que más ampollas levanta en la construcción de centros de datos en tierra es el consumo de agua dulce para las torres de refrigeración. China ha cortado por lo sano utilizando un sistema de intercambio de calor pasivo. El agua fría del océano circula por un circuito cerrado que disipa el calor de los servidores de forma natural, lo que permite que el índice de eficiencia energética (PUE) se sitúe en un envidiable 1,15, una cifra que deja en evidencia a la mayoría de instalaciones convencionales.

Para los que nos preocupa el medio ambiente, este avance supone un respiro importante. Se estima que el ahorro de electricidad ronda el 22,8%, pero lo más llamativo es que se elimina por completo la necesidad de utilizar agua potable para enfriar las máquinas. En un momento donde la IA devora recursos a un ritmo vertiginoso, estas soluciones pasivas dejan de ser una opción para convertirse en una necesidad si no queremos colapsar el sistema.

Desafíos técnicos en un entorno hostil

Claro que montar un chiringuito tecnológico debajo del agua tiene su miga. El mar es un entorno extremadamente agresivo debido a la salinidad y la presión. Por ello, los ingenieros han tenido que diseñar módulos sellados herméticamente con sistemas de monitoreo remoto que permiten controlar cada parámetro sin tener que bajar a bucear cada vez que algo parpadea. La durabilidad y el mantenimiento son los grandes retos, pero los primeros meses de funcionamiento a pleno rendimiento sugieren que la tecnología está más que madura.

Esta apuesta por sumergir el procesamiento de datos marca un antes y un después en la forma en que entendemos la infraestructura digital global. Con la vista puesta en el futuro, el éxito de este centro submarino podría ser el empujón definitivo para que otros países comiencen a aprovechar sus costas para instalar nubes más limpias y eficientes. Al final del día, se trata de que la tecnología siga avanzando sin que el planeta tenga que pagar los platos rotos, demostrando que la innovación y el respeto por el entorno pueden ir de la mano si se invierte con cabeza.