Bruselas sanciona a X con 120 millones por el engaƱo de la marca azul

  • La Comisión Europea impone a X una multa de 120 millones de euros por vulnerar la Ley de Servicios Digitales.
  • El uso de la marca azul de verificación se considera un diseƱo engaƱoso que expone a los usuarios a estafas y suplantaciones.
  • Bruselas reprocha a X la opacidad de su repositorio de anuncios y las trabas al acceso de datos para investigadores.
  • Es la primera gran decisión de incumplimiento bajo la DSA y refuerza el pulso regulador de la UE frente a las grandes tecnológicas.

Multa de Bruselas a X por la marca azul de verificación

La Comisión Europea ha dado un golpe sobre la mesa contra X, la antigua Twitter, al imponerle una sanción de 120 millones de euros por el uso engañoso de su conocida marca azul de verificación. Bruselas considera que este distintivo se presenta como un sello de autenticidad cuando, en realidad, se concede de forma discrecional a quien paga por él, sin una comprobación real de identidad.

Esta decisión, la primera de este calibre al amparo de la Ley de Servicios Digitales (DSA), llega tras casi dos años de pesquisas y sitúa a X en el centro del debate sobre hasta dónde puede llegar el modelo de negocio de las grandes plataformas frente a los derechos de los usuarios en la Unión Europea.

Una multa rĆ©cord por el ā€œdiseƱo engaƱosoā€ de la marca azul

Marca azul de verificación en la red social X

Según el Ejecutivo comunitario, el uso de la marca azul como supuesto sinónimo de autenticidad vulnera de lleno la DSA. Cualquiera puede obtener el estatus de cuenta verificada simplemente pagando una suscripción, sin que X lleve a cabo una verificación significativa de quién estÔ realmente detrÔs del perfil.

Esto provoca, a juicio de Bruselas, que los usuarios no puedan valorar con claridad la fiabilidad de las cuentas y de los contenidos con los que interactĆŗan. Ese desajuste entre lo que el icono sugiere y lo que en realidad hay detrĆ”s es lo que la Comisión califica como ā€œdiseƱo engaƱosoā€, una prĆ”ctica expresamente prohibida por la nueva normativa europea.

Los servicios comunitarios subrayan que la DSA no obliga a las plataformas a verificar la identidad de todos sus usuarios, pero sí prohíbe que se anuncie o dé a entender que esa verificación se ha hecho cuando no es cierto. En el caso de X, el pago por la marca azul se comercializa como una forma de obtener un reconocimiento especial, aunque no exista un control riguroso de autenticidad.

Para la Comisión, este modelo expone a los internautas a un mayor riesgo de estafas, fraudes de suplantación y maniobras de desinformación, al facilitar que actores maliciosos aparenten ser fuentes legítimas o cuentas oficiales solo con abonar una cuota mensual.

En su decisión, la UE concluye que el famoso ā€œtickā€ azul no solo genera confusión, sino que tambiĆ©n ā€œsocava la capacidad de los ciudadanos de tomar decisiones libres e informadasā€ en el entorno digital, uno de los ejes de la DSA.

El desglose de los 120 millones: marca azul, anuncios y datos

Detalle de la sanción económica impuesta a X

La sanción total de 120 millones de euros se reparte en tres bloques, todos vinculados a obligaciones centrales de la Ley de Servicios Digitales. De ellos, 45 millones corresponden directamente al uso engañoso de la marca azul de verificación.

Otros 35 millones de euros se atribuyen a la falta de transparencia en el repositorio de anuncios de la plataforma. Este registro debería permitir conocer, entre otros elementos, el contenido de cada campaña, su temÔtica y la entidad que la financia, pero la Comisión sostiene que X ofrece un sistema incompleto y lleno de obstÔculos.

Los 40 millones restantes se vinculan a las trabas al acceso a datos públicos por parte de investigadores independientes. Bruselas reprocha a la compañía que imponga restricciones injustificadas en sus condiciones de servicio, que incluso llegan a prohibir el scraping por parte de investigadores que cumplen los requisitos fijados por la DSA.

Fuentes comunitarias explican que el montante se ha calculado con el objetivo de ser proporcional a la gravedad de las infracciones y de enviar al mismo tiempo una señal disuasoria al conjunto del sector. La DSA permite sanciones de hasta el 6 % del volumen de negocio global, y en este caso la multa se sitúa cercana a ese umbral mÔximo.

Aunque la cifra absoluta pueda parecer moderada en comparación con otros expedientes europeos a grandes tecnológicas, en Bruselas recalcan que 120 millones ā€œcuestan mĆ”s que cumplir la normaā€ y que la prioridad es forzar un cambio efectivo en la conducta de la empresa, no solo castigarla económicamente.

Opacidad en el repositorio de anuncios y riesgo para la desinformación

Publicidad y transparencia en la plataforma X

MÔs allÔ de la marca azul, una parte importante del expediente se centra en el repositorio de publicidad de X, una herramienta que, según la DSA, debe ser accesible y fÔcilmente consultable para usuarios, investigadores y sociedad civil.

La Comisión considera que X no cumple con los estÔndares mínimos de transparencia. Denuncia que faltan datos clave como el contenido concreto de los anuncios, la categoría temÔtica a la que pertenecen o la identidad jurídica del anunciante, información bÔsica para rastrear posibles campañas de desinformación, fraudes o injerencias externas.

AdemĆ”s, el Ejecutivo comunitario apunta a que la plataforma introduce barreras tĆ©cnicas y de diseƱo que dificultan la consulta del repositorio, desde retrasos excesivos en el procesamiento de solicitudes hasta limitaciones en las bĆŗsquedas. Todo ello, a juicio de Bruselas, ā€œsocava el propósitoā€ para el que estos registros fueron previstos en la DSA.

Las autoridades europeas recalcan que unos repositorios publicitarios completos y fƔcilmente accesibles son fundamentales para detectar campaƱas coordinadas, operaciones de influencia y anuncios falsos, especialmente en un contexto de amenazas hƭbridas y procesos electorales en marcha en distintos Estados miembros.

En este sentido, la multa a X contrasta con la situación de otras plataformas, como TikTok, que según fuentes comunitarias han evitado sanciones similares al introducir correcciones y mejoras en sus sistemas de publicidad tras las advertencias de Bruselas.

Investigadores vetados y acceso limitado a los datos pĆŗblicos

Otro de los frentes clave abiertos por la Comisión se refiere al acceso de la comunidad investigadora a los datos públicos de X. La DSA obliga a las grandes plataformas a facilitar ese trabajo, precisamente para estudiar riesgos sistémicos como la desinformación, el discurso de odio o la manipulación del debate público.

Sin embargo, el Ejecutivo comunitario concluye que X incumple estas obligaciones de forma reiterada. Entre otros aspectos, sus tĆ©rminos de servicio impiden a los investigadores ā€œelegiblesā€ obtener los datos a travĆ©s de tĆ©cnicas habituales como el scraping, incluso cuando se trata de información ya visible pĆŗblicamente.

AdemÔs, los procedimientos internos establecidos por la compañía para solicitar acceso añaden trabas y demoras innecesarias, lo que en la prÔctica bloquea o desincentiva proyectos de investigación independientes centrados en la realidad europea.

Para Bruselas, estas restricciones debilitan la capacidad de supervisar riesgos sistémicos dentro de la UE y chocan frontalmente con el espíritu de la DSA, que pretende abrir una ventana a cómo funcionan realmente los algoritmos y los flujos de contenidos en las grandes plataformas.

Los servicios comunitarios recuerdan que, sin datos suficientes, ni las autoridades ni los académicos pueden evaluar con rigor el impacto de fenómenos como las campañas de odio coordinadas, la difusión masiva de bulos o la segmentación agresiva de anuncios políticos en el entorno europeo.

Contexto político y pulso entre la UE y las tecnológicas de EEUU

La decisión contra X llega en un momento de mÔxima tensión regulatoria entre Bruselas y Silicon Valley. La DSA y otras normas recientes han colocado a las grandes tecnológicas estadounidenses bajo un escrutinio mucho mÔs intenso en territorio europeo.

Desde la órbita de la Administración Trump se han sucedido ya las crĆ­ticas, acusando a la UE de exceso de regulación y de fijarse especialmente en las compaƱƭas norteamericanas. Dirigentes estadounidenses han llegado a calificar estas sanciones como un ataque a la libertad de expresión y una forma de presionar a empresas ā€œincómodasā€ para Bruselas.

En paralelo, se han escuchado advertencias sobre posibles represalias comerciales, como la revisión al alza de aranceles a productos europeos si la UE mantiene su hoja de ruta digital. Todo ello se suma a otros roces bilaterales que afectan a la industria y al comercio transatlÔntico.

En Europa, sin embargo, la lectura es distinta: la multa a X se enmarca en la voluntad de reforzar la soberanía tecnológica y de fijar reglas claras de juego para cualquier plataforma que opere en el mercado único, con independencia de su país de origen o del peso de su propietario.

La vicepresidenta ejecutiva responsable de SoberanĆ­a Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen, ha sido contundente al afirmar que ā€œengaƱar a los usuarios con marcas de verificación, ocultar información en los anuncios o excluir a los investigadores no tiene cabida en Internet en la UEā€, subrayando que la DSA estĆ” precisamente para proteger a los ciudadanos y restaurar la confianza en el entorno digital.

Investigación de fondo, plazos y próximos pasos para X

La sanción no surge de la nada. El 18 de diciembre de 2023, la Comisión abrió un procedimiento formal contra X para analizar su comportamiento en materia de moderación de contenidos ilegales, lucha contra la manipulación informativa, transparencia publicitaria y acceso a datos.

Tras esa apertura, Bruselas fue acumulando indicios y, en julio de 2024, emitió conclusiones preliminares en las que ya apuntaba a un posible incumplimiento de la DSA en varios de los aspectos que ahora cristalizan en la multa.

La decisión actual marca la primera gran constatación oficial de incumplimiento bajo la Ley de Servicios Digitales, pero la investigación de fondo no se da por cerrada. La Comisión mantiene abiertas otras líneas de anÔlisis relacionadas con la difusión de contenidos ilegales y la eficacia real de las herramientas de X para combatir la manipulación informativa.

En cuanto a los plazos, la empresa de Elon Musk dispone de 60 días hÔbiles para comunicar qué medidas piensa adoptar para poner fin al uso engañoso de la marca azul de verificación y ajustar su diseño a los requisitos de la DSA.

AdemÔs, cuenta con 30 días hÔbiles adicionales para detallar cómo corregirÔ los problemas de su repositorio de anuncios y cómo garantizarÔ el acceso adecuado a los datos públicos para los investigadores que cumplan las condiciones establecidas por la norma europea.

Margen de maniobra, vigilancia y posibles sanciones adicionales

Una vez X remita su plan de acción, el Consejo de Servicios Digitales dispondrÔ de un mes para emitir un dictamen sobre las medidas propuestas. Este órgano, en el que participan las autoridades nacionales de los Estados miembros, jugarÔ un papel clave a la hora de valorar si las correcciones ofrecidas por la plataforma son suficientes.

Si la respuesta de la empresa se considera insuficiente o si no aplica los cambios comprometidos en los plazos fijados, la DSA habilita a la Comisión a imponer multas coercitivas periódicas para forzar el cumplimiento, ademÔs de abrir la puerta a nuevas sanciones si se detectan infracciones reiteradas.

Bruselas insiste en que, durante todo el procedimiento, ha respetado ā€œcon gran diligenciaā€ los derechos de defensa de X, permitiendo el acceso a la documentación relevante y dando margen para alegaciones. El objetivo declarado no es tanto castigar a posteriori como conseguir que las grandes plataformas integren la DSA en el centro de su estrategia de producto.

En este nuevo marco, las empresas que operan como servicios esenciales para el debate público en Europa deberÔn asumir una responsabilidad adicional, que va mÔs allÔ de simplemente cumplir con la legislación de consumo o de protección de datos empleada hasta ahora.

Con esta primera gran multa bajo la Ley de Servicios Digitales, la UE deja claro que no piensa mirar hacia otro lado cuando prÔcticas de diseño, publicidad opaca o restricciones a la investigación pongan en riesgo los derechos de los usuarios europeos, al tiempo que manda un mensaje directo al resto de plataformas de muy gran tamaño que ya estÔn bajo su radar regulatorio.

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